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El Problema del Constitucionalismo Mexicano
Por: Geraldina González de la Vega Hernández
El florecimiento de las ideas liberales en el siglo XVIII, gracias al enciclopedismo francés y su influencia en América, produjo las dos Revoluciones más importantes en la historia del constitucionalismo: La Revolución Francesa y la de los Estados Unidos. La ideología liberal tuvo como fundamento la proclamación de los Derechos del hombre y la soberanía que radica en el pueblo, que más tarde serían reflejadas en la instauración del Estado Liberal, que conjugó un nuevo concepto de poder y pronto erradicó las tradicionales monarquías europeas y el colonialismo en América.

En México, las ideas liberales fueron introducidas por las tropas extranjeras y por los masones, cuyas doctrinas cobraron gran auge a finales del siglo XVIII y provocaron numerosas conspiraciones que no se hicieron esperar y culminaron en la Guerra de Independencia en nuestro país.

México, desde aquellos años, ansía un Estado donde la soberanía radique en el pueblo, en el que los Derechos Fundamentales estén reconocidos y protegidos por medio de una norma superior y en el que exista una verdadera división de poderes. Por ello, desde 1814 en que se crea la Constitución de Apatzingán se proclama la libertad de la América Mexicana y se establecen diversos principios políticos que irían trazando el Nuevo Estado Mexicano.

México ha ensayado diversos modelos de Estado y de ideologías a lo largo de su historia constitucional, ha pasado por República Federal, Imperio, República Centralista y Dictaduras de facto. Lo cierto es que, el sentimiento constitucional mexicano no ha podido arraigarse, pues se ha pensado que a cada gran cambio social y político prosigue una nueva Ley Fundamental.

Si bien es cierto, la ruptura constitucional es un hecho innegable, la necesidad del pueblo de darse una nueva Constitución, de exigir un nuevo orden normativo y la creación de nuevas instituciones de gobierno, es un derecho que a lo largo de dos siglos ha venido ejerciendo el pueblo de México y que ha dibujado la historia Constitucional de nuestro país como un mapa de luchas por la democracia.

Actualmente, México pasa de nuevo por un cambio político y social, lo cual ha llevado a considerar un nuevo cambio constitucional:

"En Apatzingán, Morelos inició un proceso constitucional del que nos sentimos orgullosos, que nos llevó a adoptar el sistema republicano y federal en 1824; el Estado laico en 1857 y las reivindicaciones sociales en 1917, ¡Cada Constitución ha señalado el principio de un nuevo ciclo histórico!............La prueba irrefutable de que el ordenamiento constitucional ha sido rebasado, es el número y frecuencia de sus reformas. Podríamos hacer como don Venustiano Carranza: un recuento de los incumplimientos, de las deformaciones y de las adulteraciones consentidas en el texto constitucional. Precisamente uno de los argumentos esgrimidos en 1916 para convocar al Constituyente, fue que la Carta de 1957 había sido modificada en 49 artículos. Parece hoy igualmente concluyente el que se hayan superpuesto casi 400 reformas a la Constitución de 1917.........."

Pareciera irónico que en el 84 aniversario de nuestra Constitución, se convoque a la creación de una nueva, ignorando su supremacía y normatividad a lo largo de casi todo el siglo XX.

Habrá también que aceptar que las más de 400 reformas que nuestra Ley Fundamental ha sufrido, han llevado a desvirtuar a la Norma y a comprenderla como un "Programa de Gobierno", más que como la Norma Fundamental del Estado mexicano.

Fernández Segado explica lo que el llama "la superficialidad del constitucionalismo español" a través de la ausencia de un Estado fuerte, la inexistencia de una clara diferenciación entre el poder social y el poder gubernamental y el carácter partidista de las constituciones, que se limitaban a reflejar el programa político del partido con mayor fuerza en la Asamblea Constituyente lo que se tradujo en la reticencia de las restantes fuerzas políticas a aceptar como Ley Fundamental común la que consideraban elaborada por un solo partido y en su exclusivo beneficio.

Consideramos que el constitucionalismo mexicano, no se encuentra muy lejos de la postura de Fernández Segado, el hecho de que hoy se pretenda un cambio constitucional se debe a la superficialidad con que políticos y juristas han actuado nuestra Ley Fundamental.

Al principio la Constitución fue concebida como el límite al poder público, como la garantía de los derechos del hombre y el pacto social que el pueblo arreglaba para dirigir su Estado hacia un Estado Libre. Poco a poco se fue comprendiendo la necesidad de que la Constitución, además, fungiera como la Norma de Normas, como la fuente del ordenamiento jurídico y de esta forma se concibe a la Ley Fundamental como el vínculo de supremacía y de normatividad.

El problema del constitucionalismo mexicano del siglo XX se encuentra en el fuerte presidencialismo –de hecho y de Derecho-, pues al no existir una verdadera división de poderes, el control constitucional de interpretación y producción de normas subconstitucionales, así como el de reforma recayó en el Ejecutivo, de manera que se le concedió un enorme poder político al adecuar e interpretar la Constitución con ánimo legitimador.

El Ejecutivo rompió el vínculo de supremacía y normatividad constitucional al no respetarlo y no tener límites para su adaptación, por ello durante varios años gozó de un enorme poder político en el orden jurídico-constitucional. La producción de normas, la aplicación y la interpretación, fueron controlados por un Presidencialismo fuerte que controló a los Poderes Legislativo y Judicial, haciendo de la Constitución una norma ordinaria que podía ser cambiada y transformada dependiendo de las circunstancias.

El problema que la Constitución de 1917 enfrenta entrando al siglo XXI es el de su legitimidad y eficacia, ciertamente, la Norma Suprema de nuestro país carece de normatividad pues el sentimiento constitucional mexicano ha sido conducido de una manera equivocada.

Si bien es cierto que Carranza convocó a un Constituyente en 1916 por encontrar serias deficiencias normativas en la Constitución de 1857, habrá también que decir, que el ánimo que llevó a Carranza a convocar a dicha asamblea no fue la de crear una nueva Constitución, sino de revisar y reformar la de 57 .

Entonces, ¿qué futuro le espera a la Constitución de 17?

Creemos que sí es indispensable una revisión, pero también creemos que la eficacia constitucional se encuentra directamente en el sentimiento constitucional de ese Estado, es decir, de sus gobernantes y de su pueblo. La eficacia constitucional no se encuentra creando otra suponiendo su perfección, la comprensión de ese vínculo de supremacía y normatividad que la Constitución crea es el orden constitucional que un pueblo espera, pero mientras ese pueblo no viva en Constitución y sus gobernantes no ejerzan el poder en Constitución, no habrá Constitución perfecta que asegure un Estado Constitucional Democrático.
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