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Un Mundo sin Equilibrio
Por: José Darío Arredondo López
Los Estados Unidos se aprestan a administrar el petróleo iraquí, en una especie de comisión humanitaria autoimpuesta, por mérito de ser la superpotencia militar en este mundo unipolar que nos toca vivir. La frágil humanidad frente al gigante de horca y cuchillo. La defensa del Estado de Derecho frente a la fuerza bruta, convertida en inteligente merced a la tecnología de muerte que claramente nos habla de cómo se han desarrollado las fuerzas productivas mundiales y hacia dónde está orientado ese desarrollo.

Los bienes culturales de una región milenariamente importante han sido objeto de saqueo, al cual se le llama “liberación”. El propio presidente de Estados Unidos, George W. Bush , ha manifestado recientemente que no le extraña este tipo de manifestaciones y lo interpreta precisamente como una liberación del pueblo iraquí de décadas de represión. La liberación busheana significa la destrucción sistemática de algo que es patrimonio de la humanidad, que va más allá de la circunstancia de que Irak posee el segundo lugar mundial en reservas petroleras, y que, con total impunidad, es saqueado por bandas de cuya conducta no se puede presumir empirismo alguno, a juzgar por su sistematicidad y selectividad.

Las naciones pertenecientes a la O. N. U., acusan semiparálisis ante el temor de ser confundidas como parte del “Eje del Mal” y prohijadoras de terroristas y cuna de eventuales ataques a la seguridad nacional de E.U.A., hoy más que nunca ampliada a escala mundial como ejemplo de una patología que en cualquier parte pudiera calificarse de paranoia, en tanto que Cuba e Irán son mencionados como amenazas conjurables por vía de la receta afgano-iraquí.

En medio de todo esto, México preside el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Por lo pronto, ya dio color la participación del gobierno de Vicente Fox en la complejidad internacional: por un lado México no patrocinó la condena a Estados Unidos por evidentes violaciones a los derechos humanos en la invasión ilegal y posterior ocupación de un país soberano como es Irak: matanza indiscriminada y mutilaciones de civiles, muerte de periodistas al atacar blancos no militares, permitir y por lo tanto ser cómplice del asalto y saqueo de bienes de dominio público y privado, en contraste de la celosa protección de instalaciones y dependencias petroleras. Recientemente, el secretario de defensa Rumsfeld, declaró su satisfacción por el resultado de la guerra, señalando que fue, además de eficiente y rápida, “muy compasiva”. Por el otro lado, nuestro gobierno se apresuró a votar a favor de la condena a Cuba, por supuestas violaciones a los derechos humanos. En otras palabras: el gobierno se pliega a los intereses del bárbaro país del norte, echando por la borda la muy digna y honorable política exterior mexicana.

Lo lamentable del caso es que nada justifica nuestra complicidad por complacencia en crímenes de lesa humanidad, evidentes a la vista de todo el que quiera ver.

Desde luego que México no puede estar a favor del terrorismo, pero tampoco puede estar a favor de la violación de la soberanía de los pueblos. No podemos ni debemos apegarnos a formas de convivencia internacional que tengan por base el poder de la maquinaria militar al servicio de la hegemonía económica de un pueblo. No es posible que el país sirva de corifeo a gobiernos mesiánicos que, rebasando sus fronteras, violan las más elementales normas de convivencia pacífica y se imponen a los demás por la fuerza militar y la coacción económica.

Estos son tiempos difíciles para la humanidad, tiempos en los que hay que hablar claro y actuar de manera prudente y consecuente con el principio de equidad internacional. Actuar de otra manera significa entregar nuestra soberanía. Si en lo económico nuestra nación se ha subordinado a los imperativos del dólar, merced a los gobiernos neoliberales, el entreguismo al vecino del norte no puede llegar a nulificar nuestras libertades y responsabilidades como nación formalmente independiente.

El cinismo pudiera recomendar una anexión silenciosa pero progresiva a Estados Unidos, apoyando fervorosamente el Acuerdo de Libre Comercio de América (ALCA), pasando por el Plan Puebla Panamá (PPP), legislando a favor de la apertura del sector eléctrico y profundizando el deterioro de la salvaguarda patrimonial que ha significado el artículo 27 constitucional y demás relativos a la materia económica. Pudiéramos asumir la cómoda fatalidad de Anthony Blair, al argüir la inutilidad de oponerse a la hegemonía mundial de Estados Unidos, si no fuera porque somos una nación latinoamericana sabedora, como nuestros hermanos del sur y del Caribe, de la conquista, colonización y las mil caras de la explotación de nuestros recursos naturales y culturales, así como de la más cruel manipulación política de nuestro atraso y dependencia.

México debe buscar opciones acordes con su situación de país independiente, relativas a superar sus rezagos y deficiencias. Muchas veces se ha insistido en la necesidad de crear un área de libre comercio en América Latina y el Caribe, que permita integrarnos en lo económico, proteger nuestra herencia cultural común y preservar nuestras particularidades, consolidar nuestra democracia y ayuda mutua. Pero seguimos mirando hacia el norte, encandilados por la prosperidad prometida a través del dólar y la obscena idea de mercantilizar nuestra conciencia, en aras de la libertad y la democracia.

Bastaría voltear hacia el tercer mundo en su conjunto para saber cuál es la verdadera cara de la entrega patrimonial al extranjero: las evidencias son muchas y aún así pareciera ser que no lo vemos, al menos no lo ven en el gobierno, preocupados por la “decepción” de Mr. Bush ante las decisiones soberanas de México y otros países.

Los tiempos que vienen son difíciles, pero es la lucha por la independencia, por la dignidad, por nuestro patrimonio, por el futuro económico de México como nación soberana.

El verdadero cambio se dará, a juzgar por nuestra historia latinoamericana, cuando nos decidamos a caminar por nuestro propio pié, arriesgarnos a tropezar y volver a levantarnos. Aquí, como quiera que se le vea, hay mucho que aprender de Cuba, a despecho de los que convierten su emotividad en argumento político al servicio del renovado imperialismo yanqui.

Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx
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