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Asuntos de Familia Por: José Darío Arredondo López |
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La realidad puede ser demasiado trivial para los que, como la clase gobernante de los mexicanos, el frenesí de la publicidad y los reality shows constituyen el punto de partida para una serie de ejercicios de cuya seriedad dan cuenta los números deificados de las encuestas. La medición de la opinión es la tarea principal del gobierno del cambio, toda vez que el dato se convierte en aprobación, justificación y guía para la acción, es decir, para volver a estimular la creatividad gubernamental con medidas que, sin serlo, toquen las fibras sensibles de la opinión pública, aquella que dice sí a la acción del marketing.
Somos un país al que los números no favorecen, si se trata de desarrollo humano. Nuestra economía está sujeta a la órbita del imperio, y las autoridades nacionales van que vuelan para ser simples pajecillos de sus “homónimos” del norte. Tan es así, que ahora pasa por normal que los funcionarios de México vayan a Estados Unidos a tomar acuerdos acerca de qué cosas deben cambiar en nuestro país, y si no, ¿a qué acaba de ir el Procurador General de la República? ¿Por qué el Presidente de México tiembla ante el ocupante de la Oficina Oval, y desea su aprobación y simpatía? Más allá de las complejidades de la política exterior en un contexto cambiante dentro de la unipolaridad mundial, ¿por qué nos empeñamos como país en no ver lo que ocurre con nuestros recursos naturales, por ejemplo el petróleo, sujeto al más obsceno manoseo por parte de los legisladores del PAN, en la dirección de entregar a los extranjeros la posibilidad de ser los dueños del recurso por vía de los Contratos de Servicios Múltiples, a fin de disimular la violación descarada de la Carta Magna, violándola subrepticiamente? ¿Por qué en territorio nacional se instalan plantas productoras de electricidad, proveedoras de empresas y comunidades allende la frontera? ¿Por qué se socavan la soberanía y el dominio de la nación mediante argucias y el más desaseado manejo legislativo y publicitario, desde las oficinas del Ejecutivo? Mientras esto ocurre, el PAN insiste en que la gente vote para “quitarle el freno al cambio”, aparentando que las victorias mediáticas lo son en la vida diaria de todos, empleados y desempleados. Ante la ausencia de logros, la fuente presidencial nos obsequia con notas absolutamente irrelevantes: el presidente y su esposa caminan por el centro histórico de la ciudad de México, comen gratuitamente en tal sitio y reparten autógrafos y sonrisas. Lo que queda claro es que la política y su quehacer tienen otro significado en México: el quehacer público sujeto a las leyes y con responsabilidades claramente delimitadas, acabó por cambiarse por una especie de caricatura cursilona e intimista; el diálogo responsable y autorizado con la sociedad cede su lugar a la cháchara trivial, chabacana, irresponsable y frívola del ocio asumido como acto de gobierno, y la circunstancia personal y familiar queda desprovista de su carácter privado y toma por asalto la otrora solemnidad de la función pública. Los arrumacos presidenciales con Martha Sahagún acaparan la atención de la prensa, convirtiendo la mano sudada en acto de gobierno. La patética vocación al ridículo de un hombre de 60 años apenas es equiparable a la de un adolescente pueblerino, sin relación alguna con la investidura que Vicente Fox ostenta. La responsabilidad política, hoy, es algo así como el traspatio de la casa materna, allá en el rancho de San Cristóbal, y la investidura presidencial es, en todo caso, la carga incómoda que presiona la espalda de un hombre sin proyecto político. En Sonora también se llama a “quitarle el freno al cambio”, a fin de que el PAN y su candidato Ramón Corral llegue a ocupar el Palacio de Gobierno. La tesitura del discurso es similar a la moda de “pareja presidencial” inaugurado por Martha Sahagún en voz de Fox. La idea de que se gobierna “de corazón”, pretende abrir el capítulo sonorense de una novela rosa que empobrece la política y ridiculiza al gobierno. La propaganda habla de “gobernar en pareja”. El candidato que venza se convertirá en el gobernador de Sonora, no la inexistente figura de “pareja gubernamental”, a contrapelo con la ripiosa idea del panismo como impulsor de la ilegalidad. La esposa del gobernante es eso y solamente eso, y su acción pública está sujeta a las leyes, porque el gobierno no es una empresa privada, de administración familiar. En todo caso, si la esposa quiere estar “cerca de la gente”, no será a costa del erario público; o en todo caso, lo estará a través del DIF. Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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