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Mundo de Juguete Por: José Darío Arredondo López |
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Imagínese que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) solamente surta el fluido eléctrico a los usuarios como usted y yo. La empresa se dedicaría a lidiar con el consumo “cacahuatero”, el que genera pocos ingresos por el nivel de las tarifas siempre sujetas a ajustes como, por ejemplo, los propios de regiones como la nuestra, la mayor parte de los meses del año agobiada por un sol que no da tregua ni descanso, así como también a la capacidad económica de los usuarios, entre otros factores.
Imagine también que una o dos grandes empresas privadas internacionales se hacen cargo del negocio de proveer a los grandes establecimientos industriales, aquellos que son el nervio de la economía, los que en realidad generan el gran consumo eléctrico y que concentran grandes cantidades de recursos de toda índole: humanos, materiales, técnicos y financieros. Si la iniciativa privada extranjera y alguna fracción nacional, así como el gobierno de Fox, como correa de transmisión de los designios del Fondo Monetario Internacional y demás instituciones financieras internacionales, claman por una reforma eléctrica así como arriba se describe, ¿se imagina usted cuál sería el destino de este país? Considere usted que las empresas transnacionales de la electricidad y del petróleo tiene el mundo volteado de cabeza, empezando con sus propios países, a juzgar por los recientes apagones y problemas tarifarios en Estados Unidos y otros países del primer mundo, así como los sonados escándalos financieros que han protagonizado. Además de esto, no se puede negar su influencia en las decisiones de sus gobiernos, sobre todo en el caso de Estados Unidos, en donde el gobierno ha pasado de la amenaza a la agresión militar, al genocidio, a la aniquilación social, política, cultural, no se diga solamente económica de pueblos enteros. Si su sensibilidad se lo permite, imagine un conflicto de ingreses entre la sociedad mexicana y las trasnacionales de la electricidad y del petróleo, ahora reclamadas como la solución a nuestros problemas de liquidez y el impulso que necesita México para estar “al día y a la vanguardia”. En este hipotético caso, ¿qué diría el gobierno? ¿Que es un asunto entre particulares? Y, en dado caso, ¿a quien acudiría usted, como consumidor del servicio, es decir, como cliente de Enron, por ejemplo? Recuerde que tanto el gobierno como el partido del presidente Fox, han planteado la apertura eléctrica y la necesaria reforma constitucional como una decisión fatal, como la condición sine qua non de nuestro despegue económico, lo que se complica si traemos a colación lo establecido en el artículo 25 constitucional. En este sentido, ¿es patriótica la renuncia a una obligación del Estado mexicano para el hipotético cumplimiento de otra? Si en Argentina, el acabose vino cuando ya no hubo que privatizar y el gobierno se vio en la difícil situación de no contar con activos, y sí con enormes compromisos financieros sin contar con los recursos para cumplirlos, ¿es buena idea pisar el acelerador de la liberalización total de la economía, basados en la peregrina idea de algo parecido al mito de la capacidad autorregulatoria del mercado? El caso de Bolivia, ¿qué no nos enseña algo? Ahí tenemos el ejemplo de un pueblo levantado en vilo por la defensa de su recurso fundamental que es el gas natural, rescatado de la codicia extranjera gracias a la oposición de ciudadanos como usted o como yo. Cayó el presidente de la república, a pesar del apoyo manifiesto del gobierno de Bush. En el mundo de juguete, aparecen héroes y villanos en actitudes estereotipadas, con ropajes que sustituyen cuando no suplantan su sustancia ideológica y política. Los buenos lucen pulcros, sonrosados, de colores azul, blanco, rosa; los malos el verde, el rojo, el negro, por decir algo. Pero en la realidad, en nuestra vida cotidiana los héroes son como usted o como yo: ciudadanos que tenemos derechos y obligaciones, que podemos reclamar lo que a nuestro derecho convenga, y que tenemos la obligación de defender el patrimonio histórico de la nación, y es que somos precisamente eso: ciudadanos mexicanos, no turistas económicos o políticos que jugamos sin responsabilidad por ser de paso. Nosotros nos quedamos, gane o pierda el país, pero a fin de cuentas, sólo de nosotros depende el resultado. Así las cosas, usted, ¿a quien le va? Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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