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El Terrorismo
Por: José Darío Arredondo López
A partir de los eventos asociados a la apertura comercial y la expansión del capital internacional que, como se sabe, no es tan plural en su composición como se pudiera suponer, en una nueva edición del imperialismo económico que surgió en el mundo de fines del siglo XIX y principios del XX, se hicieron presentes en la humanidad actos que movían al desconcierto, la intranquilidad y el temor, habida cuenta su sorpresiva ocurrencia y sus sangrientos resultados: una sensación de inseguridad y de peligro inminente se volvió la constante en ciertas regiones del planeta, en las que había intereses de naturaleza económica y política en conflicto.

Pudiera decirse que el terrorismo es una táctica de lucha no convencional asociada a la defensa de intereses económicos y políticos, la cual se ejecuta en condiciones de indefensión relativa del oponente, mediada por la sorpresa. En este marco de referencia, ¿qué tanto corresponden a la idea del terrorismo los hechos que tanto preocupan a los Estados Unidos, y que han justificado una campaña internacional liderada por estos?

Últimamente las líneas aéreas del mundo que manejan vuelos con destino al país del norte, se ven supervisadas por personal de EUA. Esto ocurre en México, en donde apostados a ciencia y paciencia del gobierno mexicano, agentes del departamento de seguridad interior (DHS) se pasean como Juan por su casa, dan línea y controlan la acción de las autoridades mexicanas, quienes con la docilidad de un perro ante el capricho del amo, se desviven en cumplimentar.

A la fecha van tres vuelos de Aeroméxico los que han sido devueltos por representar un peligro para EUA, toda vez que su aterrizaje en Los Ángeles pudiera ser de funestas consecuencias. Curiosamente no han sido encontradas las pruebas tras minuciosas revisiones efectuadas, lo que eventualmente ha permitido que los asustados y contrariados pasajeros continúen su viaje en otras líneas aéreas. Los terroristas detectados no eran tales, hubo confusión en los nombres o de plano correspondían a otros sujetos, con lo que los tenebrosos tentáculos del terrorismo no han sido cercenados y sí la continuidad de un viaje familiar, la tranquilidad de los viajantes, el placer de viajar.

En enero de 2003, también en EUA se vivieron eventos de alarma, de precauciones extremas por aquello de que los terroristas de Al Qaeda hicieran talco edificios e instalaciones varias, así que el gobierno mediante los oficios del DHS generó todo un aparato de seguridad en terminales aéreas, centrales de transporte, instalaciones varias y la gente supo lo que era una versión corregida y aumentada de cualquier película de la nueva truculencia paranoide que se vende, desde el famoso 11-S, como pan caliente.

La industria del terrorismo trae aparejada la de su combate, a tales extremos que las sociedades se convierten en clientes cautivos de los organismos de seguridad. Ocurre algo parecido a la venta de antivirus, indispensables si partimos del supuesto de que hay virus en el espectro de las comunicaciones vía Internet. El gran negocio no es tanto la curación sino la prevención, de manera que “por si las dudas”, se compran los programas que habrán de evitar la intervención maligna de otro programa, producido por gentes que son “terroristas” informáticos.

El terrorismo actual ha dado en rodear aquellas regiones del planeta que tiene que ver con la economía y las finanzas, que son el centro de atención de las poderosos empresas del petróleo, que representan los intereses de las naciones del primer mundo, las meras mandamases de la OCDE, y más específicamente las que evaden por codicia el Protocolo de Kyoto, por ejemplo.

El actual teatro de guerra es el Medio Oriente, las zonas petroleras más importantes del planeta, a cuyo control aspiran las naciones que hoy se previenen contra el terrorismo, las que imponen medidas a las naciones “amigas” como México, en una especie de calentura ajena que se tiene que sudar por solidaridad en el combate contra el nuevo flagelo que azota a los ricos e industrializados, aunque sus efectos reales, auténticos los sufren los supuestos terroristas, como es el caso de Afganistán, Irak, en otra medida Libia, Irán, Cuba.

La característica terrorista consistente en la sorpresa, lo súbito del ataque que genera indefensión en el atacado, no se da en el caso actual. Los EUA sabían del riesgo en el ataque del 11-S y lo ignoraron, según revelaciones de los propios medios de ese país. Osama Bin Laden fue un amigo de los Bush, patrocinado por ellos en la guerra contra el comunismo en su país y socio en los negocios del petróleo; Sadam Hussein fue patrocinado por EUA por razones de control estratégico de una de las regiones petroleras más ricas del mundo. Así que, ¿cuál terrorismo?

Estados Unidos en cambio genera y mantiene el mayor y más mortífero arsenal de armas de destrucción masiva en el mundo, posee el mayor cúmulo de armas no convencionales prohibidas y cuenta con la más alta tecnología de muerte. ¿Alguien se intranquiliza, promueve acciones de la ONU al respecto, condiciona tratos comerciales al potencial genocida de EUA? ¿Alguien implanta medidas de seguridad contra EUA ante la evidencia de que está armado y es peligroso? Es claro que el mundo cayó en un estado cercano al vegetal, ante la evidencia de que el terror, el terror real, controla al mundo civilizado y manipula la voluntad de los gobiernos. De nuestro gobierno, en especial.

Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx
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