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En la Variedad
Por: José Darío Arredondo López
Claman en diversas partes de Estados Unidos por acceder a lo que consideran algunos un derecho fundamental, incluso en la categoría de los derechos elementales del hombre. El derecho anglosajón se debate entre los aspectos formales, mecánicos de la legalidad, en contraposición a su trasfondo filosófico, moral, natural, humano. También lo hacen en el DF, en medio de manifestaciones de diversa catadura.

En los medios se ha dado a la publicidad el asunto de las bodas entre homosexuales, asunto que aparenta seriedad y urgencia en medio de circunstancias que revelan la inequidad económica, política y social en que se debate más de la mitad de la humanidad. Los derechos de millones se ven conculcados por un perverso sistema económico, que concentra en pocos el producto generado por muchos.

Asistimos a la proliferación de grupos, personalidades y fracciones políticas que capitalizan la dispersión, la disociación, la atomización social producto de un sistema en una fase de desarrollo particularmente excluyente. Ante la carencia de soluciones válidas de carácter económico-social que vertebren a la humanidad, se opta por la generación de ficciones colectivas que aparentan suplir la ausencia de acuerdos, oportunidades y compromisos, que el sistema en su fracaso no puede proveer.

En otras palabras: el sistema económico basado en la vertiente hedonista ha quebrantado la convivencia social al excluir a cada vez más capas sociales de los beneficios del progreso y el bienestar. Al verse excluidos, los grupos sociales se refugian en la marginalidad y a su vez construyen una forma de organización basada en el perfil de la exclusión que les toca sufrir: por razones de género, de sexualidad, por razones ideológicas, por cuestiones religiosas o una mezcla de varios de estos factores de diferenciación.

Tal situación permite enarbolar banderas reivindicatorias de la marginalidad sublimada en logro, en motivo de orgullo y, eventualmente, de programa de acción. De ahí la pretensión de equiparar el amor entre personas de un mismo sexo con la unión natural entre un hombre y una mujer. La pareja heterosexual, desde esta óptica, aparece como una “opción”, no como la relación obvia para fines de progenie y cualquier otro complementario de la carga afectiva humana.

El sistema económico despersonaliza a la par que individualiza las relaciones, de ahí que la desarticulación generada permita la exigencia de validar socialmente problemáticas particulares, decisiones personales que buscan pasar por imperativos sociales que, siendo estériles, recurren a la defensa de derechos basados en el libre albedrío que el hedonismo económico insufla a los mismos que margina.

Cabe llamar la atención en el hecho siguiente: si la economía crece a un ritmo menor que la tasa de natalidad, los problemas se magnifican por el incremento de la demanda de bienes y servicios, pasando por la necesidad de empleo y seguridad social, de manera que la conveniencia de legitimar uniones que no tengan por finalidad la progenie puede considerarse políticamente viable, de acuerdo a la lógica del sistema. La salida clásica de generar desempleo para contener las presiones negativas de la demanda sobre el sistema económico se ve rebasada por la promoción de la homosexualidad como equivalente a la defensa de la diversidad humana. Así, parejas anatómica y funcionalmente inviables para fines reproductivos, aparecen como “opción” y hasta como logro humanitario. El reduccionismo económico triunfa sobre la humanidad, convertida en mercancía.

Sin duda, cualquier ser humano merece respeto a sus decisiones personales, pero no se puede subordinar la naturaleza social humana a las inclinaciones, preferencias, o supuestos de carácter individual. La decisión personal es eso, precisamente, y el Estado tutela la dimensión social en su sentido histórico, lo que nos remite a la preservación de la sociedad humana en cuanto a continuidad biológica y social. El ámbito público es distinto al privado.

Respecto a la defensa de la diversidad, usted estará de acuerdo que nada es más diverso que la relación entre un hombre y una mujer, ¿o no?

Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx
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