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Terror y Corrupción Por: José Darío Arredondo López |
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El terrorismo no es, ni por casualidad, patrimonio de un pueblo o una fracción de éste; sus caras son muchas, poseen una enorme plasticidad, son ubicuas, sutiles o evidentes, silenciosas o estridentes, mediatas o inmediatas.
La ubicuidad del terrorismo radica en que la violencia es irracional, y es súbita; posee a su favor la sorpresa de la víctima, su indefensión. Sus causas son lo menos explorado, lo que se ignora por negligencia política, por conveniencia propagandística, por estrategia mercadotécnica. El estallido de una bomba, el descubrimiento de un fraude, el asesinato masivo, la invasión a un pueblo, la exhibición de una cinta con escenas comprometedoras, son parte de la cadena de acciones que toman por rehén la opinión pública, la voluntad ciudadana, y en última instancia, la democracia nacional y mundial. Los terribles acontecimientos en la península Ibérica son estremecedores. Pero el momento en que ocurren supone un acto intencionado e intencional, es decir, premeditado, planeado para generar un efecto específico, si consideramos que España se apresta a decidir su gobierno por los próximos cuatro años. O sigue el partido de Aznar, con la bandera del combate al terrorismo de ETA, o a otra cosa. Volviendo los ojos un poco atrás, el terrorismo que estalló en Estados Unidos, el 11-S, generó el levantamiento de la imagen y los bonos políticos del presidente Bush, a pesar de su flagrante ineptitud. El presidente “de la guerra”, lo ha sido precisamente por la guerra: contra el terrorismo, contra el narco, contra lo que sea conveniente. Su escasa inteligencia y su torpeza reconcentrada son asunto menor ante la oferta de “seguridad” para los ciudadanos. Los españoles vieron con preocupación la indecorosa sumisión de Aznar hacia su homónimo Bush, y la participación de España al lado de EUA no supuso una necesaria defensa de los intereses españoles, sino más bien la posibilidad nada remota de ponerse en el blanco de los ataques de un movimiento islámico en ascenso como reacción a la obscena invasión e ingerencia de los EUA en Afganistán e Irak, y en general en el Medio Oriente, depósito de más del 60 por ciento de las reservas petroleras mundiales. Madrid se tiñó de sangre, ante el azoro del mundo, justamente en vísperas de las elecciones. El gobierno insiste en que el culpable es ETA, a pesar de las débiles pruebas disponibles y de la cada vez más clara posibilidad de que el atentado obedezca a una acción ligada a Al-Qaida. Si la segunda situación queda comprobada resultará por demás clara la errónea sujeción de Aznar a los intereses invasores de EUA. La venganza del fundamentalismo islámico será una reacción ante un ataque, no de España, sino de EUA. Al gobierno y partido de Aznar, entonces, le conviene que se crea en la autoría de ETA. El terrorismo cataliza la voluntad política de los pueblos, en América y en Europa, pero también en el Medio Oriente. México en todo este asunto del integrismo islámico ha sudado calenturas ajenas, ha razonado en inglés y ha masticado el chicle de los razonamientos de Bush. Sus convergencias políticas navegan contra la corriente de la lógica anclada en las circunstancias históricas, económicas y culturales de América Latina respecto al Imperio de muerte encabezado por Bush. La parodia de la defensa de la seguridad nacional mexicana ha sido un complemento de la patología militarista de EUA. El gobierno de Fox, víctima de un reduccionismo grotesco festeja la descomposición de la imagen política de Andrés Manuel López Obrador, y reclama para sí, el monopolio de la verdad y la transaparencia, merced a los escándalos de los videos convenientemente filmados y proyectados por Televisa y otros canales. “Los malos son aquellos, los otros, nosotros somos los buenos, los honestos”, clama Bush ante los votantes gringos; Aznar señala a ETA, en congruencia con su argumento político de lucha contra el terrorismo; Fox insiste en su honestidad y transparencia en comparación con cualquier otra cosa. En cualquier caso, guardadas las proporciones, el azoro popular se puede traducir en votos a favor, o en contra. Lo cierto es que EUA padece de un mal terrible, porque son una sociedad sumida en la apariencia de democracia, de pluralidad, de tolerancia, y navega en un mar de hipocresía. España es víctima de un gobierno derechista y convenenciero (lo cual no deja de ser una redundancia), sumiso a EUA. México a pasado a ser “foxilandia”, y al igual que España, se somete a las groseras prácticas de avasallamiento de EUA, bajo la ineptitud de Bush. En los tres casos hay una tragedia política que huele a descomposición, así como un afán gubernamental de hacer la realidad a su gusto. El engaño, la mentira como política de Estado corrompe por necesidad. El pueblo español merece salir del estercolero, tras la tragedia reciente; EUA cuenta con un pueblo digno de mejor causa, y México merece ser la conciencia y el ejemplo de América Latina en materia de respeto a la dignidad de los pueblos, empezando por el nuestro. Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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