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Contra la corrupción Por: José Darío Arredondo López |
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Desde luego que los aplausos no se pueden hacer esperar cuando el presidente Fox habla tan categóricamente acerca de la necesidad de extirpar el feo mal de la corrupción. La República espera acciones decididas y eficaces contra el flagelo añejo, contra la tolerancia que se ha generado a través de las décadas, por no decir los siglos.
Hablar de transparencia es comprometedor, sobre todo cuando las acciones no corresponden a las palabras públicamente emitidas con tono solemne y tronante: el discurso es airoso, valiente, motivador de la marcha de la sociedad hacia el rescate de las instituciones, hacia la dignificación del servicio público. Hablar sin compromiso es hablar para que las palabras se las lleve el viento y para que sirvan de aliento a la impunidad, al “más de lo mismo”, a las generosas dosis de atole con el dedo, a la amorosa guarda del cinismo, a la hipócrita retórica del perdulario, del falso, del demagogo. Pero el presidente reitera su compromiso con la legalidad, con la transparencia, con la rendición de cuentas... Señala culpables en otros frentes políticos en otras siglas, en otros colores. La ausencia de autocrítica revela la carencia de identidad moral, de compromiso con algún proyecto útil y necesario para combatir realmente la corrupción. Sin embargo puede ser sincero, puede estar convencido de que lo que dice es verdad: Los otros son los corruptos, los ineficaces, los que suponen que la bandera tiene tres colores, que la Patria es una y única en su integridad geográfica, histórica y social. Fox maneja otra versión de la Patria: azul, con barras y estrellas por destino, mancillada por el extranjero como forma de expiación del pecado del mestizaje, de tener piel canela, ojos oscuros, pasado campesino. La expropiación petrolera y la nacionalización de la industrial eléctrica son accidentes en el camino de la anexión a Estados Unidos, que su gobierno pretende revertir, en aras de la modernidad subordinada al Imperio, al acatamiento de normas que nos restan identidad, capacidad de autocrítica, sentido de la historia. Así las cosas, resulta muy consecuente la afirmación del diputado del PAN, Juan de Dios Castro, de que la bandera mexicana tiene, no tres, sino cuatro colores: el azul. El nuevo pedagogo legislativo ilustra a las huestes infantiles que aprenden algo de civismo y vida política, en las mejores condiciones de engaño y confusión: la infancia es la etapa en la que los individuos pueden cancelar su posibilidad de ser personas, a través del oportuno adoctrinamiento; y es que el diputado piensa, Oh Patria querida, que el cielo un panista en cada niño te dio. A pesar de que los caminos de la corrupción son infinitos, vale la pena acreditar a la administración de justicia los méritos que en esa materia le corresponden, si no vea lo que ha pasado con el caso de los “Amigos de Fox”, “Vamos México”, el caso de las toallas en Los Pinos, el asunto de los colchones de lujo en París, las bochornosas fallas y abusos de los gobiernos panistas, incluida la de Morelos con Estrada Cajigal, la comedia de enredo en torno a la ingerencia federal en el caso Ahumada, el tráfico de influencias y los litigios exitosos del senador Diego Fernández de Cevallos contra el propio gobierno federal, representado por la Secretaría de la Reforma Agraria, por mencionar algunos datos. Seguramente también habría de considerarse la terca insistencia de Fox de autorizar a las transnacionales eléctricas y petroleras mediante los contratos de servicios múltiples y los Pidiregas, la ingerencia en asuntos reservados exclusivamente a la Nación. Pudiera mencionarse también la poco clara situación del Fobaproa y el Ipab, en eso de permitir desde el poder la corrupción, así como el anatosismo que alegremente practican los bancos, el elevado costo de sus servicios vía comisiones de escándalo, abonado esto con la circunstancia de ser empresas extranjeras en su inmensa mayoría. Sí, el presidente Fox habla de su convicción democrática, de su compromiso con la rendición de cuentas, contra la corrupción, pero, ¿cuándo empieza a limpiar su casa? ¿Cuándo va a dar el ejemplo, aunque signifique su renuncia irrevocable al cargo, por un ataque tardío de vergüenza, de convicción republicana? Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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