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Sin Diplomacia Por: José Darío Arredondo López |
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Presenciamos con azoro la respuesta de los secretarios de Relaciones Exteriores y de Gobernación a la conferencia de prensa del ministro Pérez Roque, de Relaciones Exteriores del gobierno cubano. La prometida “respuesta puntual” del gobierno de México no fue tal, y si un conjunto de afirmaciones basadas en una interpretación muy a modo del marco legal y reglamentario en materia de nuestra relación con el resto del mundo y, en particular, con la isla caribeña.
Se subrayó, por una parte, que el gobierno de Cuba ofendió al nuestro, que intervino en asuntos internos y que la defensa de los derechos humanos es lo que guía la acción de nuestro gobierno; y por otra, que la mano del gobierno está extendida para Cuba y que nuestro país no votaría aprobando nada que suponga ingerencia extranjera contra éste o cualquier otro gobierno. Asimismo, se descalifica el video en el que aparece Carlos Ahumada declarando que el trato que recibió de Cuba fue bueno, y que fue prácticamente obligado (por parte de importantes funcionarios mexicanos) a dar a conocer los videos incriminatorios contra funcionarios del DF a cambio de protección legal y económica, y que no recibió ni una ni otra, porque --dice Creel--, no había las condiciones adecuadas, a los ojos de cualquier gobierno democrático, para que dichas declaraciones fueran creíbles. Como se puede apreciar, la subjetividad acompañó los juicios de los funcionarios mexicanos y se erigieron en jueces de unas declaraciones que tenían el carácter de pruebas en aval de la teoría del complot enunciada por el jefe de gobierno del DF. El desparpajo presidencial acabó de cerrar el círculo de despropósitos declarativos gubernamentales, al ponerse en plan beligerante de “defensa de la dignidad” nacional al contrario de otros gobiernos que sí permitían insultos del exterior. La carcajada de los que saben un poco de la historia diplomática mexicana seguramente llegó hasta las orejas de Washington. Y es que resulta ridícula la afirmación presidencial si se toma en cuenta la pasión por servir a los intereses extranjeros, estadounidenses, que ha desplegado el gobierno de México, el gobierno del Cambio. Pero, en medio de tanta estupidez declarativa, cabe reconocer la buena intención de respetar la libre determinación del pueblo cubano y no apoyar los planes de Bush de intervenir “en defensa de la libertad” cubana. Lo anterior contradice en parte la recriminación previamente emitida contra el gobierno de la isla, cuando Creel alude la razón del malestar como producto de la votación mexicana respecto a los derechos humanos. La evidente disonancia declarativa tiene que ver, probablemente, con la renovada cruzada anticomunista del fundamentalismo gringo, que al parecer comparte la ultraderecha mexicana metida a gobierno. Es de suponer que el gobierno de México será llamado a reflexionar por parte del Congreso de la Unión, respecto a las serias implicaciones que tiene su apoyo a EUA en el equilibrio de la región, de cara a la defensa de la soberanía como valor supremo de los pueblos de América Latina en un mundo unipolar, condenado a colapsarse por el propio peso de la uniformidad política que se le pretende imponer. Las relaciones México-Cuba nunca debieron llegar a tal nivel de deterioro, y debió imperar siempre la política de respeto a la vida interna de Cuba, asunto que de diversas maneras empezó a infringirse desde el gobierno de Ernesto Zedillo y que en forma evidente se ha hecho en el llamado “gobierno del cambio”. Si Cuba es democrático o no, depende de los cubanos; si tiene tal o cual forma de gobierno es cosa de los cubanos. México no debe intervenir ni formular juicios de valor respecto a la vida interna de Cuba, cuando se ofende ante la sola posibilidad de que se cuestione la subordinación que tiene respecto a los intereses regionales de Estados Unidos, so pretexto de la libertad de comercio y el combate al terrorismo, cuando lo que está en juego es la libertad política y económica de nuestros pueblos, frente a la agresión velado o no de EUA. El tiradero que hay en casa debe ser arreglado, pero debemos ser respetuosos de la soberanía de los demás pueblos de América Latina y del resto del mundo. La actual política exterior es cuando menos cuestionable, precisamente por su carácter entreguista y pro-gringo. Dejó de ser nacionalista, congruente con nuestra historia común; ahora es olvidadiza de la agresión gringa a nuestra integridad territorial y política, desde los aciagos días del siglo XIX. El gobierno de México requiere mesura y autocrítica, memoria histórica y oficio diplomático; identidad latinoamericana, identidad nacional en todos sus actos oficiales y, sobre todo, un revalorado sentido de la dignidad. Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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