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La Pequeñez Internacional Por: José Darío Arredondo López |
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Pues la tercera cumbre de los países de América Latina, el Caribe y la Unión Europea, celebrada en Guadalajara, terminó como empezó: un bello escenario en el que la exclusión de la chusma sirvió como garantía de una vacaciones cortas VIP, sin la contaminación propia de la realidad ambiente.
Los intereses de las potencias europeas en participar de manera creciente en el redescubrimiento, reconquista y recolonización de América Latina están, al parecer, a salvo, merced a la calurosa bienvenida y trato privilegiado con que fueron obsequiados. El triunfo del eurocentrismo compite con los logros de Estados Unidos en una tierra hospitalaria por vocación. La promesa de inversiones directas privadas ya se considera como parte del promisorio futuro de la economía codependiente que lucha por equilibrar el peso de la influencia gringa mediante la participación de otros agentes. Los gobiernos de la región Iberoamericana representados en Guadalajara poseen pocas alternativas de desarrollo independiente si entienden que velar por los intereses nacionales y regionales está asociado forzosamente con la inversión gringa o europea, pero así es. Por otra parte, una alternativa interesante sería la de fortalecer los mecanismos regionales de intercambio comercial y tecnológico, de manera que campeara una mentalidad distinta a la marca de la casa fondomonetarista, en este caso pudiera consistir en el impulso del desarrollo de la región mediante acuerdos signados por el interés latinoamericano: abatir las desigualdades, cerrar la brecha de la marginación, impulso de proyectos productivos con inversión regional, mayor participación social en el diseño de las políticas sociales, por ejemplo. México, en voz de sus representantes, dio un ejemplo más de subordinación a cualquier otro interés, desdibujó las posibilidades de la “cumbre” al abjurar del latinoamericanismo que se esperaba, dada la actual coyuntura política internacional. En este sentido, se optó por no lastimar, ni con el pétalo de una declaración protocolaria, a los Estados Unidos. La reiterada violación a los derechos humanos, la unilateralidad más obscena, el desprecio a la libre determinación de los pueblos, a la soberanía nacional, no pesaron lo suficiente como para que hubiera un pronunciamiento en nombre de la Humanidad. El presidente Fox avaló la cobarde decisión de eliminar cualquier mención a EUA en su calidad de infractor del Derecho Internacional, de suerte que el desprecio gringo al acuerdo de Roma, al protocolo de Tokio quedan como cosa anecdótica. Según Fox, se impuso la “democracia”, a costa de la dignidad del mundo. La “cumbre” fue aprovechada para que la señora Sahagún luciera un modelito con tirantes, dejando al descubierto una noción del tiempo y las circunstancias cuya rusticidad escapa a los límites de la prudencia protocolaria. La edad y sus estragos no fueron óbice para que una desparpajada protagonista del drama gubernamental mexicano dejara constancia de su autoestima en un panfleto autoencomiástico de muy pocas luces. Apareció una publicación laudatoria distribuida por la oficina de la señora, que constituyó una invitación a la pena ajena. La pequeñez de la cumbre apenas palideció ante la por demás ratonera provocación anarquista que se escenificó, en desdoro del altermundismo. La prensa ha dejado ver la mano del gobierno en estas manifestaciones de cuya ausencia de espontaneidad muchos testigos pudieron dar crédito. La pequeña tercera cumbre pasó a la historia como la reducción al absurdo del diálogo internacional en un mundo unipolar que se niega a dejar de serlo. La pluralidad es, finalmente, sólo cosa de discursos. Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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