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La Innovación Destructora
Por: José Darío Arredondo López
La necesidad de ser modernos, de estar al día y a la vanguardia es una especie de compulsión de naturaleza obtusa y caprichosa por la errática trayectoria de sus planteamientos, producto neto de la inculta ralea de los personajes que encabezan el gobierno. Pero la aparente inconsistencia y volatilidad encubre una fría voluntad de entrega, de claudicante vasallaje al extranjero.

México corre peligro con la derecha encaramada en el poder. La presidencia de la república es la fachada ideal para legitimar la criminal desarticulación de lo nacional y la eventual entrega total a los designios del extranjero.

Mientras que Fox aplaude y se deshace en elogios a la televisión comercial, por aquella peregrina idea de la “transparencia” en un país donde la opacidad se hizo gobierno, se prepara para asestar un golpe mortal a la educación básica nacional, porque les queda grande la historia.

La ridícula idea de la competitividad asociada a la globalización prefigura un país maquilador cuya sustancia puede ser modificada de acuerdo a los mensajes televisivos, en la medida en que desde Palacio Nacional se busque el elogio autoasignado como premio a la traición, al desprecio por los valores, a la ignorancia de lo nuestro.

Lo que ignoran los adaptadores de ideas ajenas a la educación nacional es que México tuvo una excelente educación pública. La primaria desde el siglo XIX hasta los años 20 a 50 fue una excelente primaria. Salir de la primaria era poseer los elementos suficientes como para conocer el país y el mundo y, lo más importante, seguirlo conociendo.

Ahora se quejan de que era memorista, enciclopedista y demás pamplinas. Pues si no todos, la mayoría de los actualmente postgraduados pasamos por ahí. Nuestros maestros más ilustres, verdaderos forjadores de generaciones nacionalistas y socialmente útiles, pasaron por esas aulas. La secundaria también era verdaderamente formativa, capaz de despertar tempranas vocaciones y valores imperecederos.

De los años setenta en adelante, parece que la fragilidad de los cerebros estudiantiles compite con las limitantes de las neuronas de los administradores escolares, porque la educación en México se achaparra, se empequeñece, pasa a intrascender, a la par que proliferan los obligados programas de postgrado.

Mientras que el gobierno se empeña en debilitar las licenciaturas impulsa el estudio de maestrías y doctorados, en una loca carrera por el papel, por el diploma, por el título, pero sin sustancia, sin el contenido que tenía hace más de veinte años.

La modernización de la educación basada en “competencias”, se olvida de formar gentes competentes, capaces, responsables profesionalmente. Las nuevas generaciones tendrán cursos de ética mientras los valores se prostituyen en la práctica; los planes de estudio se modificarán con menos horas y menos contenido, porque así se decretó por parte de los que financian la educación pública; el discurso de los “ejes” formativos sustituye a la experiencia y el conocimiento de las necesidades profesionales. Los burócratas opinan de educación en lugar de los académicos en activo.

Pero la presidencia está en manos de un ignorante feliz de serlo, que generosamente pretende derramar las mieles de la indigencia mental por todos los rincones de la patria. Los académicos de todas las latitudes deben poner distancia respecto a la modernidad babeante corporeizada en los famosos ISO. Nadie en su sano juicio puede creer que el avance burocrático se traduce en una mejor formación para los estudiantes. Es revolver patas con bofe.

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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