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Decapitación
Por: José Darío Arredondo López
La escuela mexicana tiene ahora, merced al gobierno del cambio, la nunca vista oportunidad (después de todo, México es, a partir del 2 de julio de 2000, tierra de oportunidades) de librarse de un pasado que, mal que bien, era nuestro. La pesada carga de logros y fracasos complica demasiado las cosas y las mentes en permanente estado pueril requieren de la defensa y protección del gobierno.

Así como a la secundaria se le quitarán atributos determinantes para suponerla formativa, a la preparatoria (bachillerato o nivel medio) se le hará cirugía mayor de manera discreta, un sabadazo, o un vacacionazo para ser preciso: Las materias ahora consideradas estorbo a eliminar son nada menos que Filosofía, Estructura socioeconómica de México, Introducción a las ciencias sociales y, desde luego, Historia de México.

Las materias arriba señaladas, que como se puede apreciar solamente tenían por función generar un conocimiento de la realidad desde una perspectiva social, sustentado en el razonamiento crítico acerca de nuestro país, serán sustituidas por una materia que se impartirá en los semestres 1, 3 y 5, y que se llama algo así como Ciencia, Tecnología, sociedad y valores.

La explicación de los cambios y del contenido de la nueva criatura no la conocen los profesores del bachillerato que depende de la SEP. Este misterio será desvelado faltando poco para que inicie el semestre, de manera que la autoridad educativa se guarda de que los docentes que la van a desarrollar en la práctica, no sepan ni opinen al respecto: el que nada sabe, nada opone.

La escuela preparatoria, si usted tuvo noticia, hasta antes de los 70 fue de dos años y estuvo cargada de materias que incluían el Latín y el Inglés como optativas y el Francés obligatorio; pero los estudiantes tenían también Estética, Geografía física y cosmografía, además de las normales Física, Química, Matemáticas, así como Literatura, Etimologías griegas y latinas y demás.

Los cerebros de los estudiantes no dieron por estallar por el intenso bombardeo de conocimientos; jamás se supo que alguien enloqueciera por causas académicas. Las neuronas hicieron lo suyo en condiciones normales, incluso había tiempo para el deporte y la recreación en la que todos los jóvenes estudiantes participaban con alegre desparpajo.

A la estructura curricular de los ciclos anuales vino a sustituirla la de los ciclos semestrales. Los años 70 recomponen el currículo al facilitarlo mediante la mayor dosificación de los conocimientos repartidos en semestres y la preparatoria, ahora de tres años, sigue cumpliendo su papel de formadora de seres cultos y concientes de la realidad social.

Tampoco se sabe que alguien haya desertado por insuficiencia mental. Los problemas de la deserción y el rezago se generan fuera de la escuela. Corresponden a las condiciones socioeconómicas de las familias y con ellas, las del estudiante.

Los ochenta y los noventa dan cuenta de un creciente abandono del Estado de obligaciones esenciales para la vida social y económica del país. México se deteriora a ojos vistos y con él la calidad de vida de todos. La educación pública declina a favor de la privada, de los negocios académicos, de las partidas especiales para aparentar acciones de promoción de la calidad.

La educación se convierte en un discurso sin sustancia y pasa a ser territorio de los administradores cuyos imperativos de ahorro, de reducción de costos se complementa con la adquisición del ISO como medallita de buena conducta. La calidad deja de tener que ver con la práctica docente y se reduce a procedimientos burocráticos de carácter cosmético.

El currículo de la primaria, la secundaria y la preparatoria, más el de la educación superior, se alejan de la misión formativa que antes tenían y la excelencia se mide en indicadores de productividad a cambio de más presupuesto.

La evidente privatización de la educación es un proceso ordenado desde el Poder Ejecutivo federal y que los Estados acatan sin chistar, porque el federalismo mexicano sigue siendo una buena puntada sin aterrizar. Los gobernadores son edecanes del presidente de la república y las secretarías de educación de las entidades simples oficinas de trámite, según la realidad que objetivamente vemos aquí y en otros estados de la nación.

Si no nos oponemos a esta bárbara mutilación de la formación de los futuros trabajadores de México, la historia nos lo reclamará airadamente. La educación en México requiere de cambios, pero traducidos en más recursos, en mayor reconocimiento social, en un mayor ámbito de libertad. La educación como rehén de ignorantes y traidores a la Patria solamente puede servir de cadalso, de guillotina para la decapitación nacional.

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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