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Nuevo Año Por: José Darío Arredondo López |
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El inicio del año 2005 significa entre otras cosas el reinicio de las hostilidades del año pasado, tan cuidadosamente conservadas en nuestras conciencias como para que la idea romántica de la renovación implique cambio alguno en nuestros empecinamientos particulares.
Así como la tragedia humanitaria del sudeste asiático dejará que las consecuencias terribles del maremoto nos sigan ocupando como humanidad durante quién sabe cuánto tiempo, las enemistades políticas recibirán el regalo de las consecuencias de sus actos, el recordatorio de la no impunidad y la condena sumaria de los errores de argumentación y operación de los conflictos. 2005 es la antesala del final formal de un período de gobierno, en el que la iniciativa privada se demostró dueña de una mezquindad asombrosa, envalentonada por la definición política que hizo de su gobierno el presidente Fox. La extrema derecha en el poder hizo lo que pudo por minar las bases de la vida republicana y tal esfuerzo llegó al extremo de poner en entredicho las facultades que la Constitución otorga a la Cámara de Diputados. En este litigio, la seriedad y responsabilidad del Poder Judicial está en entredicho. La curiosa combinación de ignorancia y prepotencia parece ser patrimonio de la derecha de guarache que no sólo azota al gobierno en cualquiera de sus niveles, sino que también hace acto de presencia en las manifestaciones más triviales de la actividad humana, y es que la permeabilidad de la sociedad va en razón directa proporcional al bagaje cultural y político de sus actores. Una muestra de ello es la forma en que se combaten las ideas. Se opta la descalificación y la injuria al contrario en vez de la argumentación serena y objetiva de los puntos de vista. Al enemigo se le lapida en vez de convencerlo de su error, lo que demuestra que el objetivo es otro. La ofensa actúa como sustituto mediocre de la razón y la chacota suprime al diálogo, porque más vale agredir que confrontar. Así las cosas, el doctor Ignacio Burgoa Orihuela es “un abogado fotografiable”, en vez de un ilustre jurista, un respetado constitucionalista, que se opone a la arbitrariedad facciosa de ciertos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La derecha prefiere agredir y ridiculizar antes que refutar válidamente al oponente. Será que su incapacidad mental cede la responsabilidad del debate a la grosería y al manoteo vulgar. Pero, independientemente de esa desafortunada manera de responder públicamente, debemos de considerar el grave peligro en que se encuentra México ante lo que se prefigura como un golpe de Estado. La reiterada violación a la Constitución y la posible complicidad del Poder Ejecutivo y el Judicial contra el Legislativo, harían nulo el Estado de Derecho y significaría el fin de los equilibrios institucionales del país, es decir, se daría paso a una dictadura por colusión de dos de los poderes de la Unión. El gobierno del cambio haría la tarea de cualquier trasgresor de la legalidad encaramando en la cúspide del poder al presidente, sin contrapeso alguno y con las posibilidades de vaciar de contenido las acciones del Poder Legislativo, es decir, tendríamos una inconcebible concentración del poder en unas solas manos. De ocurrir esto, la democracia de incipiente o defectuosa pasaría a inexistente. Retrocederíamos con consecuencias impensables. Como buen deseo de año nuevo, estaría el de la reconsideración, por parte del pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, respecto a la admisión de la controversia iniciada por el Presidente de la República contra la Cámara de Diputados. También respecto a la torpe medida de congelar partidas presupuestales mientras se resuelve el fondo del asunto. Ambas medidas preñadas de ideología ponen en duda la objetividad de la Corte en su conjunto, salvo que se demuestre lo contrario. Correo electrónico: dalmx@yahoo.com |
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