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Centinela
Por: José Darío Arredondo López
El atentado terrorista en Londres ha hecho que los gobiernos asociados a Washington recrudezcan sus de por sí estrictas medidas de seguridad, al grado que se teme por lo que queda de los derechos humanos en países como por ejemplo EUA.

No resulta extraño que los socios en la devastación de Irak tengan algo que temer de la ira islámica que estalla de manera literal y simbólica por calles, estaciones del metro, centros de baile y lugares donde está garantizada la concentración de posibles víctimas.

Las grandes urbes como son Nueva York, Madrid o Londres son lugares propicios para que un bombazo trascienda la geografía local para abarcar la globalidad del miedo y penetrar en el inconsciente colectivo, venciendo el discurso del progreso y la integración comercial a la manera de occidente, reportando la presencia del otro, aquel que vigila nuestros pasos más íntimos.

La vida cotidiana, tras el asalto a Afganistán e Irak por razones de estricto carácter económico petrolero, por parte de EUA y su consecuente asociación con la fauna de acompañamiento internacional tras hechos consumados, ha cambiado radicalmente, tanto que el discurso pacifista endurece, en vez de ablandar, las posiciones ideológicas y pragmáticas de cada cual.

Occidente es el bueno y el Islam el malo. Todo extranjero es sospechoso de terrorismo, salvo que se demuestre lo contrario, todo país es enemigo potencial, salvo que se una incondicionalmente a la causa que es bandera electoral de G.W. Bush y actual programa de gobierno.

El terrorismo manifiesto en Londres permite reforzar la posición de Tony Blair justamente al inicio de su segundo período como primer ministro de Inglaterra y supone razones de peso para que prevalezca la visión de Bush respecto a la “seguridad nacional”: El terrorismo islámico es combatido con la modernidad tecnológica del terrorismo occidental. Los muertos son la expresión estadística del éxito de la guerra por la paz.

México a través de su presidente dio pronta respuesta a la situación bélica que vive el Reino Unido: se emprende de inmediato una operación “Centinela”, a fin de prevenir actos terroristas en suelo mexicano. La frontera norte es reforzada una vez más.

¿Una serie de bombazos en Londres permite suponer que en México, país latinoamericano que también ha sufrido la invasión de EUA y que le ha costado la mitad de su territorio original además de una terrible dependencia económica, tecnológica y hasta política, puede ser víctima de un atentado, o simplemente el gobierno está protegiendo a su vecino del norte, haciendo de filtro lacayuno?

¿Somos un país que debe preocuparse de la seguridad nacional frente al Islam, o de plano, le estamos haciendo la chamba a EUA, permitiendo que los gringos se sientan como en su casa por aquello de cuidar aptamente su frontera? ¿México es, finalmente, el traspatio de EUA?

Con todo esto, surge la pregunta: ¿A qué va Fox al extranjero, si no a comprometer la soberanía nacional? ¿Es necesario que continúe su contumacia declarativa a cargo del erario público? ¿Tenemos la obligación de sostener relaciones sado-masoquistas con el primer mundo?

En la frontera de Sonora con EUA se coordinan las acciones en el marco de la operación “Centinela”. ¿Estamos sudando calenturas ajenas porque somos muy solidarios, capaces de olvidar lo que pasa en Arizona con nuestros compatriotas, ahora llamados simplemente connacionales?

¿Será posible que lo que acaba de pasar en Londres, pueda ocurrir en Nogales, Santa Ana, o en Hermosillo? Seguramente porque nos parecemos a Londres, o a Madrid o a Nueva York, así tan conectados con el imperialismo estamos.

¿Acaso Al Qaeda sembrará el terror en el DF, por ejemplo en la Bondojo, en Tepito o de plano en la Condesa? ¿Podrá, por ventura, perpetrar atentados dinamiteros en Hermosillo, por ejemplo en San Benito, La Manga, Cuauhtémoc o Las Minitas?

Eventualmente, ¿serán sospechosos de ligas con el terrorismo los vecinos del más de cien colonias del norte de Hermosillo que no tienen agua más que a ratos y los que amenazan con tomar las instalaciones de la planta Ford, que sí tiene el líquido?

¿Tendrán que ver con las células del terrorismo islámico, los vecinos que claman por seguridad en los barrios y colonias de Sonora, así como los de Ciudad Juárez, exasperados por la torpeza del poder judicial frente al crimen organizado o no?

Será parte del plan terrorista confundir a las autoridades policiales al colar a un arquitecto que a como de lugar lo quieren convertir en el narco Carrillo Fuentes, que porque se le parece? ¿La prueba del ADN es insuficiente para determinar la identidad de una persona? ¿Cuenta más la declaración de “testigos protegidos”?

La lucha contra el terrorismo bien pudiera empezar revisando la política exterior de EUA y el contenido de los tratados comerciales de este país con los demás, sobre todo con aquellos que cuentan con enormes recursos naturales y gobiernos peleles, así como su relación con gobiernos que defienden su patrimonio histórico y natural.

Pudiera pensarse en revisar cuáles son los países que tienen más intereses económicos en las guerras de los últimos tiempos. Cuáles son los que producen y comercializan armas de destrucción masiva, los que cuentan con laboratorios que producen armas químicas y biológicas; los que poseen leyes que permiten el ataque a otros países sin mediar más que una orden ejecutiva. Cuáles son los que legitiman la guerra preventiva, decidida unilateralmente.

La diferencia de intereses económicos, políticos, sociales, entre los países del primer mundo respecto a los demás, aclara qué tan similares son en materia de “seguridad nacional”.

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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