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Las nuevas alianzas
Por: José Darío Arredondo López
Las huestes de la profesora, que no maestra, Elba Esther Gordillo Morales se preparan a la toma por asalto del proceso electoral a través de la distorsión de escenarios y la manipulación de elementos afectivos, en este caso negativos, en contra del candidato del PRI a la presidencia de la república. Roberto Madrazo es el blanco de ataques de diverso calibre, lo que probablemente se agudizará en la medida en que nos acerquemos a la votación.

La beligerancia de algunos gobernadores, por ejemplo el de Sonora, Eduardo Bours Castelo, parecen hacerle el trabajo a la profesora a través de acciones en las que la palabra clave es la de “alianzas”, pretendiendo demostrar con ello amplitud de criterio y vocación democrática.

Con tal de hacerle la tarea a la profesora Gordillo, el PRI de Sonora a través de su exponente el gobernador, contempla establecer alianzas con el PAN y, desde luego, con el partido de la señora Gordillo “Nueva Alianza”, con lo que se empujaría la permanencia del registro del engendro magisterial y, de paso, se restarían votos a Roberto Madrazo.

Para el priismo sonorense, seguramente se plantea un problema de lealtades que devendrá en una fractura potencialmente saludable: O se pliegan a los caprichos e intereses del gobernador, o son consecuentes con la visión política de un partido de raigambre popular que lucha por el beneficio d e las mayorías nacionales.

Desde luego que otra alternativa a seguirle el rollo a la profesora desde las filas del PRI sería votar de plano por López Obrador, incluso apoyar el trabajo de las redes por éste constituidas a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Si se parte del supuesto de que gracias a los empresarios metidos a políticos y la creciente extrangerización del quehacer público nacional merced al pensamiento neoliberal, los ideales de la Revolución se fueron diluyendo hasta quedar reducidos a casi polvo, generando absurdos tales como alianzas o relaciones patéticas entre PRI y PAN, expresados en complicidades legislativas, entonces quizá lo propio sería pensar en el PRD como alternativa.

Los priistas que se sientan traicionados por el oportunismo de una iniciativa privada comodona, apátrida y gringófila y que además se constituye gobierno bajo el ala protectora del PAN y del PRI neoliberal, seguramente optarán por manejar la apariencia de su disciplina a la hora del voto, pero la realidad pudiera arrojar el verdadero sentido de una oposición a la derechización del partido que fue, y por muchas razones, de las mayorías.

Si afirmamos que las próximas elecciones pueden ser una farsa mediática, se debe a que la creciente mercantilización del discurso político termina cosificando a los candidatos y transformándolos en una especie de ente virtual, en objetos de diseño, alejados de una personalidad propia y distintiva que, como tal, se manifieste de manera consistente a través del tiempo y las circunstancias.

El candidato-mercancía está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, por lo que depende de las encuestas para ser o dejar de ser en un entorno reducido a lo mediático. Su irresponsabilidad política empieza por confundir lo público con lo privado y, en todo caso, sirviéndose de lo primero para beneficio de lo segundo.

Por eso es tan fácil el establecimiento de alianzas sin afinidad ideológica formal, aunque en lo real puede que sean simples variaciones de un mismo tema: la derechización del sistema político a partir del avance del mercado sobre el Estado.

Si la política cede a los imperativos del mercado y encumbra a sus representantes, entonces las alianzas establecidas obedecerán a los intereses privados de grupo o fracción, como cotos particulares que aspiran a dirigir la sociedad a la compra de las opciones que ofrecen.

Cabe señalar la mediocridad general de la iniciativa privada mexicana, a partir de la creciente hegemonía del capital extranjero en la economía nacional, simplemente considere usted la propiedad del sistema bancario de México. Resulta que tenemos, salvo excepciones, pomposos empleados de transnacionales al frente de las principales actividades económicas, y todavía algunos se enorgullecen de ello.

Si la política recuperara su vocación social traducida en acciones de gobierno a favor de mayorías actualmente marginadas, el desarrollo de las actividades privadas no sufriría menoscabo, sino que simplemente ocuparía su lugar en el conjunto de los intereses de la nación soberana e independiente.

Aunque pudiera resultar seductor, la abstención no es necesariamente la salida más cuerda. A pesar del manipuleo y la mercantilización de la política, del bajo perfil de algunos candidatos que no pasan de ser figuras ociosas, como pudiera ser el caso de Patricia Mercado o Roberto Campa Cifrián, creo que debemos votar por el que consideremos el menos malo, el que pueda, al menos, revertir un poco el avance del ambulantaje político, su changarrización, su mediocridad privatizante.

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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