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Ligeramente embarazada
Por: José Darío Arredondo López
Mi cuñada, una rolliza matrona de visita en mi casa, parecía verdaderamente impresionada por el video en el que aparece un sujeto metiendo votos en una urna presidencial, el pasado 2 de julio.

Su estupor se debía a causas no muy claramente definidas, pero que le alentaban a relatar el hecho de moda en los medios electrónicos. Su conversación iba y venía por rumbos cada vez menos previsibles, hasta que externó su temor: ¡Me da miedo que gane ese!

Mi esposa en calidad de hermana complaciente, le preguntó quién, a lo que repuso: “Pues ese, López Obrador, porque es igualito a Chávez, el presidente de Cuba…” –de Venezuela, aclaró Sarahí, la hija.

Mi esposa preguntó por qué ese temor, a lo que la rolliza cuñada respondió con la autoridad que da el ser televidente de López Dóriga y Televisa: “Pues por todo lo que hace, le gustan los pleitos y siempre anda queriendo guerras”.

En cambio, mi cuñada declara con alborozo que: “Cuando estaban contando los votos, me dio gusto porque iba ganando Felipe Calderón…” -¿Votaste por Calderón?- “No, voté por Patricia Mercado…”

La anécdota va como ejemplo de la cultura política de muchos votantes, que pueden estar sentados cómodamente frente al televisor y, así como empiezan a secretar saliva al ver una suculenta hamburguesa y refresco de cola anunciado, lo que dispara un mecanismo de respuesta inmediata que los impulsa a girar instrucciones al hijo para que vaya al changarro a comprar algo, así también deciden el destino del país.

La seductora mercadotecnia persuade al ojo conectado al televisor de que la protesta de López Obrador “puede ser fatal para el país, porque lo que se requiere es estabilidad”; así muchos hacen cuentas imaginarias de las inversiones que se perderán y la forma en que ello impactará su economía familiar y personal, por el sólo hecho de que alguien se atreva a movilizar a las masas.

Muchas almas candorosas caerán como peras maduras al influjo de la insistencia en periódicos y noticiarios de radio y de televisión, llamando a la alerta roja por aquello de la inestabilidad, la violencia política y el clima de cuasirevolución al que nos puede llevar el populismo lopezobradorista.

El clero, los organismos empresariales y, desde luego, el PAN y la derecha periférica, claman por el respeto a la legalidad, es decir, la aceptación acrítica del designio del IFE: “Calderón es el presidente y basta”. El pequeño olvido está en que el IFE no es autoridad para calificar una elección sino para organizarla.

La derecha se horroriza que sea posible en México una situación que comprometa la paz social, por decir las condiciones para que el extranjero siga explotando tranquilamente lo que es nuestro.

Los ciudadanos comunes se horrorizan por contagio porque si llega López Obrador, “hasta pueden perder el empleo, la casa, el televisor y la bicicleta, además de que el futuro de los hijos se habrá esfumado en medio de borlotes, asonadas y motines.” Las voces de la prudencia empresarial y del partido oficial, así como de la fauna de acompañamiento en la que se convierte o transfigura el clero, claman por el respeto a la legalidad y el “respeto a los millones de votantes” que en las urnas fueron.

Y es que “una conspiración no puede involucrar a tantos”. Y es que “la democracia que hemos construido durante tantos años de esfuerzo” garantiza que los algoritmos informáticos sean exorcizados por el IFE.

La tonelada de argumentos y las manifestaciones de ungimientos precoces menudean y lo seguirán haciendo hasta que el Tribunal Electoral asuma su responsabilidad, y proceda según lo ordena el artículo 41 de la Constitución. Habiendo dudas más que razonables, ¿cuál es el problema de contar voto por voto?

La prisa por declarar ganador a Calderón y la negativa de contar los votos hablan por sí solas de la transparencia del PAN y satélites. Luego Fox señala a “los renegados” como si la piedra en el zapato de la Nación, la del panismo y de Fox fueran la misma.

Si usted aun se resiste a salir corriendo a comprar un refresco de cola o una hamburguesa cuando se lo sugiere la televisión, entonces, ¿por qué no resistirse al temor inducido por los medios respeto a la “inestabilidad” que, según ellos, se provocaría por el hecho de reclamar un derecho, de exigir que se observen las reglas de un juego previsto y tutelado por la ley?

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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