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El IFE o el fin de la democracia formal
Por: José Darío Arredondo López
La idea de que la democracia se sustenta en instituciones fuertes y confiables tuvo su encarnación en el Instituto Federal Electoral, IFE, y sirvió para que los ciudadanos atemperaran su desconfianza en los procesos electorales al contar con un órgano ciudadanizado que transparentara la organización, los recursos y los mecanismos comiciales.

Después de la elección del 88 la credibilidad del gobierno como organizador electoral quedó lo suficienemente mal parada como para que se hiciera necesario ceder la responsabilidad a los ciudadanos electos para tal fin y los representantes de los partidos, reunidos en el órgano electoral llamado IFE.

La institución que se fortaleció gracias a la desconfianza o por la certidumbre del fraude, ahora cae por los mismos defectos que pretendió corregir. Una democracia basada en mecanismos electorales no permeados por el gobierno y los intereses económicos que durante un breve lapso pareció resistir, ahora se ve desacreditado por la revelación de que su blindaje no era tal, o al menos no tan resistente como se pretendió en su época dorada.

El prestigio y la confiabilidad logrados fueron, según se ha visto, pantallas que distrajeron la aguda y detallada observación ciudadana por un exceso de confianza, misma que ahora se sabe fue en demasía generosa para con los merecimientos reales del IFE.

Las denuncias contra el IFE y su colusión en un fraude electoral de enormes proporciones señalan insistentemente que tuvo como base tecnologia de primer mundo, un algoritmo informático que obró el milagro de la multiplicación de los votos caldronistas y la disminución de los votos de López Obrador y de Madrazo, sobre todo del primero. El cambio de votos lopezobradoristas por calderonistas es, fue, una forma de manifestar el “cambio” prometido y proclamado por el gobierno foxista.

El IFE propició la apertura de urnas y manipulaciones que pasan por ser legales toda vez que el IFE las patrocina, perdiendo el fondo de la cuestión en aras de la forma, situación que se antoja típica del neopanismo pragmático y, por qué no decirlo, oportunista.

En lo que va del llamado gobierno del cambio, se ha privilegiado la forma sobre el fondo, la frase contra la acción efectiva, la promesa respecto a la realidad que se modifica en aras de ser más justa. Creo que no podía ser de otra manera si consideramos los antecedentes personales de los actores de este drama que inició como épica, pasó a ser una comedia de enredo, drama psicológico y sainete.

En estos casi seis años se nos vendió la idea del cambio, por rechazo a la identificación con el modelo y la ideología neoliberales; se abjuró del pasado reciente y del tenebroso pasado remoto, como una continuidad nefasta para la nación, olvidando el legado de la Revolución y su obra social y económica.

La ficción política, económica y social fue dando pasos firmes sobre las conciencias y el patrimonio de los mexicanos, de manera que la apariencia sustituyó a la realidad, pasando la forma a ser fondo.

Fox aparentó y lo sigue haciendo, ser un hombre y un hombre comprometido políticamente con el bienestar social, con la satisfacción de las necesidades populares, mientras que se dedicaba al beneficio privado y graciosa concesión de los bienes y activos nacionales a favor de los grandes consorcios extranjeros, a guisa de ser moderno y a tono con la “globalización”.

La continuidad prometida por Calderón habla esencialmente de la profundización del modelo y compromisos neoliberales, con lo que se sigue privilegiando la forma sobre el fondo, la apariencia respecto a la realidad. Es una visión política basada en la mentira como razón de Estado.

El IFE, o lo que pudo haber sido y no fue, formó merced a la apariencia como estrategia política, como uno de los activos más importantes de la continuidad foxista, por contar con cierta credibilidad. La utilidad del IFE para la imposición de Calderón está fuera de duda.

Pero sucede que las trampas, manipulaciones y software al servicio del propósito neoliberal de continuidad panista, ha n salido al aire, se han ventilado por muchos miles de ciudadanos convencidos de que Televisa y similares mienten, de que Calderón miente, de que Fox y empleados y socios mienten.

La legitimidad informática pretendida quedó como lo que es: un instrumento de perversidad más que formará en el arsenal de trapacerías de que ha hecho gala el sistema inaugurado por la derecha de guarache en México.

Las instituciones son, en sentido estricto, las reglas de funcionamiento de una sociedad. El IFE es una estructura administrativa y no las reglas del funcionamiento electoral; simplemente representa la parte operativa de algo que es superior al propio IFE, por cuanto que la voluntad ciudadana de dar certidumbre a las elecciones está muy por encima del aparato burocrático que debiera encargarse de acatar la voluntad del ciudadano que vota.

Así las cosas, en el caso del IFE tenemos que la forma quiso hacerse pasar por el fondo, la apariencia nuevamente jugó a la realidad, sin pensar que podía ser descubierta en la farsa, en este caso la farsa electoral.

El contar voto por voto es una medida que supone el restablecimiento de la certeza, bajo el supuesto de que es reparable el daño, de que es posible suponer la integridad de las urnas electorales sin que el IFE haya podido manipular la voluntad electoral.

Quizá el empeño de López Obrador sea la clave para que de nueva cuenta los ciudadanos podamos estar seguros de que la elección puede ser confiable, si y sólo si las boletas electorales queden tal como fueron depositadas por los votantes, en las urnas correspondientes.

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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