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Reconciliación Por: José Darío Arredondo López |
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Felipe Calderón llama a la reconciliación sin dejar de señalar que con su triunfo se venció al pasado, ese pasado violento y feo que parece aun amenazar la suave marcha de la nación. El calificativo, o mejor, la presunción de que antes de FECAL estábamos en la edad de piedra política, se parece bastante a la presunción foxista de que antes del 2000 no había democracia.
El prurito de la modernidad parece ser una constante en el discurso tanto de los foxistas como del neopanismo yunquista que se señorea en la nación sobre los lomos de los señores magistrados del tribunal electoral (así con minúscula) que debiendo ser de la federación quedó como uno más de los organismos afiliados a la pareja presidencial, a la altura de Vamos México. La modernidad, o mejor, el afán de parecer moderno, nuevo, vanguardista y pionero, ahora forma parte del conservador partido que lucha por compartir el triunfo de lo que pudiera ser uno de los fundamentalismos más violentos que conoce la historia moderna de México: el fascismo mexicano inspirado en una mezcla de religión, o al menos discurso religioso esgrimido para dar apariencia de moralidad a sus acciones o deseos, y una práctica política amoral, pragmática y oportunista que, una vez lograda la presa se instala en la magnanimidad ficticia: “es tiempo de reconciliación”. La paz y la concordia suenan bien, si no fuera porque significan, en términos prácticos, la rendición incondicional de quienes aun tienen que y deben de luchar por intereses superiores como son la democracia y la libertad. El llamado a la concordia debe ser, si se supone auténtico, respetuoso y honesto y no una especie de coerción publicitaria que no sólo es ofensiva sino que augura peores tratos. El evento auto encomiástico llevado a cabo en la Plaza de Toros México, avala la afirmación de que el cerco policiaco tendido en el Congreso para la fecha del último informe foxista, sigue viento en popa. Curiosa manera de iniciar actividades públicas tras un triunfo que se demuestra más que objetable: el cerco protector del Estado Mayor Presidencial y de miles de agentes policiacos parece ser la constante en los actos del neopanismo en el poder. Si el poder significa la disposición de efectivos militares y de seguridad pública, así como el control de la prensa, para evitar la libre manifestación de la inconformidad popular, resulta muy elevado el costo electoral. La reconciliación vendría, sin duda, tras haber transparentado el pasado proceso electoral, tras haber efectuado un recuento que permitiera más allá de duda razonable, declarar presidente electo al que resultara con más votos, los que estos fueran. uno, tres, veinte, mil, pero que fueran votos auténticamente reconocidos por las partes contendientes. El oficio del IFE y luego del Tribunal Electoral hubiera sido proporcionar las condiciones para que el proceso electoral se llevara a cabo y dar certidumbre al resultado. Pero, la realidad fue otra: el proceso estuvo mañosamente mediado por las empresas televisoras de manera que las dos caídas del sistema durante el proceso permitieron que la tendencia se modificara con una simetría sumamente atípica en las tendencias de los votos. El resultado fue tan poco creíble que la inconformidad popular tomó las calles, las plazas y las conciencias de muchos, impulsando la llamada a una “Convención Nacional Democrática”, programada para el próximo 16 de septiembre, en medio de la expectación nacional e internacional. Los intentos de echarle tierra al asunto del fraude electoral o su sospecha, no van a fructificar con los llamados a la legalidad que fue violada, a la legitimidad que pretende forzarse, al respeto a las instituciones como si el fraude o la manipulación debieran ser reconocidas como instituciones dignas de ser respetadas y no combatidas. La reconciliación después de la ofensa premeditada, maquinada con frialdad e instrumentada viciosamente, no puede llegar sin antes una confesión de parte cabal y sincera, de cara a la nación y al mundo. Los panistas tienen la palabra. Correo electrónico: dalmx@yahoo.com |
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