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Tortura
Por: José Darío Arredondo López
Como usted sabe, los Estados Unidos, país que se ha constituido en ejemplo de democracia y respeto a las libertades, acaba de decidir la legalización de la tortura. La propuesta del presidente George W. Bush al legislativo ha prosperado, con lo que se demuestra la clara sincronía que existe entre estos dos poderes del Estado más importante militar y económicamente hablando, del mundo.

La tortura, concepto que se oye mal y que se percibe peor, ha encontrado cabida en las leyes de la otrora nación ejemplar en materia de derechos humanos, encubriendo conceptualmente el feo significado que siempre ha tenido: violentar la dignidad y la integridad física y moral de las personas, bajo el imperio del despotismo o, simplemente, la sádica voluntad de enfermos mentales pero con poder y voluntad para agredir, abusar e incluso matar a los demás.

La tortura, a partir del momento en que los señores legisladores yanquis la incorporaron al arsenal de mecanismos de “defensa contra el terrorismo”, pasa a ser práctica estratégica reconocida que habrá de refinarse a los ojos de todo mundo, sin la pesada carga moral con que tradicionalmente se le juzgaba y se sentía por el resto de la humanidad.

No sé si alguien lo considere un avance en el “país de las libertades”, pero la democracia resulta ser una especie de mentolato político que lo mismo sirve para desinflamar que para irritar: una votación mayoritaria hizo prosperar la iniciativa presidencial, con lo que se pone en manos del presidente, en este caso Bush, la vida y destino de muchos que pueden ser juzgados terroristas, reales y potenciales, sujetos ahora a la voluntad soberana de un solo hombre.

Los terroristas pueden así definirse como la parte de la raza humana que no cuenta con la simpatía del presidente de EUA, aquellos que le despierten temor o repulsión; que sean diferentes y que no encuadren dentro de los estrechos límites de la idea gringa de humanidad. Aquello que no se apegue al Américan way of life, corre peligro de ser satanizado, convertido en amenaza y destruido con fanática demencia.

En este marco, tras el horror de las llamadas “guerras preventivas”, ahora surge legalizado el complemento de éstas: la tortura es una práctica legal, una herramienta “clave” para el combate al terrorismo. Ahora cualquiera puede ser arrestado y enjaulado, sin mediar una notificación y sin poder conocer y rebatir los cargos en su contra. La inocencia del prisionero resulta irrelevante.

La visión de un país con este tipo de leyes es contraria a la idea de justicia, de equidad, de transparencia, de certidumbre, de respeto a la dignidad humana y trastorna seriamente la idea de ciudadanía, de democracia y de libertad.

A través de los medios de comunicación masiva, toda la humanidad se enteró de los excesos cometidos por las tropas de estados unidos y socios durante las últimas ocupaciones: Afganistán, Irak. La evidencia irrefutable de abusos y crueldad contra población civil y contra los opositores a lo que es claramente una invasión a una nación soberana, viola el derecho internacional, lo pone de rodillas ante la petulancia del poder militar y económico de países hegemónicos.

La ley de la selva se decreta avance civilizatorio, defensa de la democracia y la libertad, justicia extramuros en un país que teme a los demás, que ve peligros y amenazas en la idiosincrasia ajena, en el color de la piel y en la religión que se profesa. La tolerancia resulta ser un acto de debilidad, un lujo que la nación más poderosa del mundo no se puede dar, porque el miedo la atenaza, la enloquece, la hace delirar y en sus arrebatos de cobarde prepotencia se siente asediada, atacada e infiltrada por todos.

EUA resulta ser, con la contundencia de una prueba ahora aportada por el propio gobierno de Bush, una nación enferma de paranoia, víctima de una mente errática, desquiciada y profundamente incapaz de afrontar la realidad sin el estímulo de una droga políticamente perversa: el miedo.

EUA es una nación que ha traicionado su idea de lo legal, su preocupación por la justicia, su pasado de inmigrantes, plural en lo étnico, rico y variado culturalmente. Ahora se debate en la xenofobia más escandalosa, más injusta. Es ejemplo de intolerancia, sin que nadie pueda negarlo, sin que alguien pueda demostrar que sigue siendo una nación ejemplar en términos de justicia y equidad. Es, así sin más, un fracaso de nación, gracias a la corrupción profunda que campea en las altas esferas del poder. Cayeron vencidos los conceptos de libertad, democracia y justicia, a los pies del becerro de oro.

EUA es, ahora, un ejemplo de nación terrorista, de gobierno genocida; de estado canalla, en términos de N. Chomsky. Una vergüenza para el género humano. Aun así, cuenta con una población que paradójicamente en algunos sectores aun se resiste a la perversidad mediática con que los manipula el gobierno de Bush. Existe, y hay que reconocer, gente ejemplar, valiente y honesta que lucha pacíficamente por el restablecimiento de la justicia y la legalidad, por el respeto a los derechos humanos y en contra de la horda republicana que ha torcido la ley en beneficio del gran capital.

La nación que ha retado al resto del mundo enarbolando los valores de la democracia y la libertad, resulta ser, por decisión de su propio gobierno, exactamente lo contrario a lo que predica. Constituye un claro ejemplo de abuso de poder, de irracionalidad llevada al extremo de convertir en norma de observancia general la voluntad individual de un enfermo mental, de un psicópata que se siente iluminado por Dios, un instrumento de la divinidad para combatir el mal, como él entiende que es, como él supone que actúa, como él decide que debe combatírsele.

Estamos ahora, ante la presencia y la acción de un estado totalitario, sepulturero de la democracia y las libertades en el mundo. Un peligro para la humanidad.

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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