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El ahorro en Educación Por: José Darío Arredondo López |
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Aunque usted no lo crea, México es uno de los pocos países que teniendo una universidad nacional que ocupa un lugar dentro de las primeras 100 universidades de calidad reconocida internacionalmente, recorta el presupuesto para la educación superior. La UNAM es la más importante universidad de habla hispana.
Más del 50 por ciento de la investigación que se realiza en México se hace en la UNAM, pero al gobierno de Felipe Calderón no le pareció mérito suficiente. El diputado panista presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, Contador Público Raúl Alejandro Padilla Orozco, dio por bueno el recorte porque, según este legislador, se trata de justificar el gasto demostrando calidad. El diputado panista es egresado del ITESM, y tiene a sus hijos estudiando en instituciones privadas, lo que al parecer es sinónimo de calidad, de acuerdo a la satisfacción expresada por el señor legislador. El autoproclamado presidente del empleo, empieza su gestión pública beneficiando al sector privado en educación, reduciendo el margen de maniobra de las instituciones públicas y autónomas sin considerar el impacto social y económico que esta medida representa para la comunidad científica nacional. Por lo que se ve, a don Felipe no le preocupa realmente ni la educación, ni la ciencia y tecnología ni la cultura en general, siguiendo la lógica del ahorro en el marco de un gobierno que quiere dar la impresión de que es austero. La universidad pública y autónoma nacional está condenada a abandonar proyectos y programas en aras de que el gobierno ahorre algunos centavitos, con lo que el perfil del mexicano exitoso será, sin duda, el de un egresado de instituciones privadas, postgraduado en el extranjero y empleado de alguna transnacional que deprede los recursos nacionales, en aras de la globalidad. Así, la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y la UAM, bien pueden ser ejemplo de muchas universidades de los estados, así como del resto de las instituciones de habla hispana, pero el gobierno del empleo carece de una visión nacionalista y pasa por una agencia promotora de ahorro y eficiencia. De lo social, ni hablar. La educación y la cultura parecen estar cruzadas por una idea de eficiencia que pretende materializar el futuro de millones de jóvenes en términos de cargos y abonos. La visión mercantil de los negocios de abarrotes orienta a los estrategas del gasto público y social del panismo hecho gobierno. Más policías y patrullas son la contraparte del empleo y el ingreso familiar, ante la incapacidad de generar las condiciones que hagan posible una vida decorosa, normalmente vivible. Más apoyos a las fuerzas de la ley y el orden definen la política de rescate de la vida cotidiana nacional en términos de respeto a la dignidad, a la seguridad pública y social. La ausencia de una política de desarrollo científico y tecnológico y el actual recorte presupuestal para educación y cultura, permiten suponer que la condición de México como país receptor de tecnología e inversión extranjeras, nos hace ser tan dependientes que no tiene caso gastar en ser autosuficientes en estas materias. El perfil de país maquilador queda claramente dibujado por el actual gobierno, así como en el anterior, debido a que se asume la dependencia y el atraso como consustanciales a nuestra naturaleza tercermundista, de manera que el gobierno no tiene porqué gastar en desarrollar nuestras posibilidades tecnológicas y científicas si dependemos alegremente de lo que nos manden de fuera. Sin embargo, en el discurso se dicen otras cosas, se habla de calidad, de eficiencia en el gasto, de modernidad, de sociedad y economía del conocimiento, mientras el dinero se canaliza hacia el pago del rescate bancario, hacia los aparatos de seguridad que vigilan los signos de la inconformidad, las manifestaciones de disidencia, las voces que opinan de otra manera. Cuando se escucha, se hace para generar la ilusión del consenso, forzado éste por una forma de coacción que obliga a las instituciones, en este caso educativas, a sentarse a la mesa de las negociaciones con los representantes del gobierno (SEP, comisiones legislativas) que primero amenazan con el golpe presupuestal y luego llaman a dialogar para evitarlo. Ahora la SEP y Hacienda están haciendo el juego del policía bueno y el malo, llevando y trayendo a los representantes de las universidades en aras de lograr, por un lado, la presencia y autoridad que no tienen y, por otro, la hazaña de mantener funcionando la educación superior a pesar de la mendacidad del gobierno. Así como en el gobierno anterior, en el actual se trivializa y disfraza la incapacidad del sector público privatizado de ser realmente público y cumplir con sus obligaciones constitucionales, más allá de la interpretación parcializada del texto, más allá de someterse simplemente a la formalidad de lo aparente. México es un país que desprecia la cultura propia y babea de emoción con la ajena; sacrifica su educación pública superior en aras de dar peso a la privada, y mercantiliza aquello que debiera ser un deber moral, un imperativo categórico que oriente el quehacer público hacia el cumplimiento de la ley suprema, hacia el cumplimiento de los supuestos que justifican la existencia del Estado y la forma de gobierno. Según se ve, independientemente del discurso oficial, preñado de pronunciamientos patrióticos, republicanos y respetuosos de la ley, el presupuesto presentado por Calderón no presta atención realmente al gasto social, porque lo disminuye. También disminuye su credibilidad y subraya la opacidad de su llegada al poder. Correo electrónico: dalmx@yahoo.com |
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