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Silencio Por: José Darío Arredondo López |
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Hoy por la mañana salí en busca del ejemplar de Cambio Sonora, y me encontré con la confirmación de lo anunciado el día anterior: el viernes 25 de mayo de 2007, sería el último día de aparición del periódico Cambio. Las causas, son denigrantes e increíbles en una sociedad civilizada: inseguridad y falta de protección policial.
Cambio Sonora había sufrido un atentado con granada el día 17 de abril y, un mes más tarde, el 16 de mayo, estalló otro artefacto poniendo en peligro la vida de tres de los trabajadores del medio periodístico. Las autoridades, señalan diversas fuentes, no fueron capaces de distraer una patrulla para que vigilara las instalaciones del diario, y la empresa no es capaz de arriesgar la vida de sus trabajadores ante tal estado de indefensión en que se le coloca, por parte de manos criminales y por otro lado, de autoridades indolentes y, pudiera decirse cómplices por inacción, de los perpetradores. El cierre de un medio de comunicación escrita es, por decir lo menos, una mancha profunda en la piel de la sociedad sonorense. Es la cara externa del desprecio que sienten algunos hacia la libertad de expresión, a la vez que el signo y síntoma de la descomposición a la que ha llegado la sociedad en tan poco tiempo. Llegamos, de la práctica cotidiana de los valores, a la exhibición mediática de antivalores. Confesamos como sociedad que decir “valores” es una secuela de lo que un día hubo y ya no hay, es el olor de la gasolina de un carro que termina por pararse en medio de la nada. Las buenas costumbres aprendidas y practicadas en los hogares sonorenses, generaban un entorno amable en el que se podía sentir seguro cualquiera. Ahora las luces se apagan mientras que los ojos permanecen a la expectativa de un asalto, un ruido extraño que debe ser ubicado, una presencia siniestra que atosiga el sueño de los que duermen apenas con un ojo abierto de espanto y el otro rendido por el cansancio. Mientras tanto, el gobierno habla de la efectividad de sus esfuerzos contra el “crimen organizado”, desestima la zozobra de los ciudadanos al llamar “balacitos” a las detonaciones que se oyen en las ciudades de Sonora cada madrugada, cada día, cada arritmia cardiaca que sufren en cada casa familiar sus habitantes. Se hace silencio cuando alguien pregunta por esos extraños cargamentos de pollo con droga, que circulan en camiones con cajas que exhiben el logo de la empresa familiar del sexenio sonorense. Se silencian los medios incómodos, aquellos que denuncian y sin embargo el silencio resalta y subraya lo que se quiere callar. La prensa es la conciencia de las sociedades, la que informa, la que orienta, la que señala y denuncia; pero también la que solapa, oculta, desorienta, disfraza, confunde. Es la institución que reconoce el mérito del gobernante, pero también el de una sociedad que sabe exigir respeto. Si el tipo de prensa que se silencia es aquella que sirve para que la moral pública no degenere en complacencia y ocultamiento, entonces sí que estamos en serios problemas. Por lo pronto, mientras las patrullas policíacas actúan por rutinas establecidas desde el alto mando, y los crímenes que se debieran perseguir “de oficio” se someten a la prueba del tiempo, entonces Sonora carece de valores que sustenten el edificio social, contra los embates del “crimen organizado”. El absurdo arriba señalado tiene como prueba inmediata la condena a pagar más de 100 mil pesos que sufrió el conductor de una ambulancia en servicio al “pasarse un alto” y chocar contra un auto de la Judicial. ¿Usted cree que está cuerda una autoridad que exige que los autos para emergencias en pleno cumplimiento de su deber, con la sirena y luces encendidas, deben hacer alto, voltear para todos lados y luego seguir atendiendo la emergencia? Pues aquí ocurre tamaña y ridícula monstruosidad. Tenemos autoridades de cartón agarrados de pies y manos de las formalidades legaloides de reglamentos aplicados sin criterio, sin conocimiento de para qué son y sin pizca de inteligencia. ¿Cree usted que un auto oficial en una emergencia debe sujetarse a las mismas reglas que los demás que no lo son? ¿Para qué son las sirenas, las luces, la conciencia ciudadana de la urgencia? ¿Es que ya no existen valores en esta ciudad? ¿No hay respeto a la Cruz Roja y demás instituciones que atienden emergencias? ¿Que nadie sabe el significado de “urgencia”? Cuando estallan granadas, ¿no debemos pensar que hay una urgencia social que requiere de la atención inmediata de las autoridades “competentes”? ¿Se necesita que los afectados soliciten por escrito y con copia a quien corresponda, la intervención de la autoridad para que la ley y el orden sean algo más que una frase en los discursos? ¿Se requieren muertos conocidos ligados a familias huéspedes de las páginas de sociales o las de negocios, para que la autoridad se sienta aludida? ¿La autoridad estará de vacaciones por lo que dura el sexenio? Mientras tanto, en Sonora no hay garantía de seguridad para quienes ejercen la libertad de expresión. De hecho, no la hay para nadie. Correo electrónico: dalmx@yahoo.com |
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