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Cuentos Chinos
Por: José Darío Arredondo López
La prensa surte generosamente de temas que invitan al desarrollo de las potencialidades literarias de la población, a la vez que dibujan con trazos enérgicos el perfil de gobiernos y entidades.

Alrededor del primer aniversario del kafkiano triunfo de Felipe Calderón se han escenificado verdaderos dislates gubernamentales: la revelación de que un chino nacionalizado mexicano de nombre Ye Gon tuvo, además de un guardadito de 205 millones de dólares, nexos con los cárteles de la droga y, lo que es peor, con altas esferas gubernamentales mexicanas.

El acervo multimillonario, sostiene el propio oriental occidentalizado por la vía mexicana, es lícito, aunque queda por demostrar si en efecto lo es tras declaraciones altamente contaminantes para la neurona del ciudadano común, bajo la forma de que la fortuna derivaba de fondos panistas usados en la campaña que celebra su culminación el 2 de julio.

Que manos panistas hicieron posible que chinito gualdal dinelo con el argumento de “guardas o cuello”. Que uno de los señalados como amenazantes del chino resulta ser funcionario del gobierno actual, y que ahora sonrojado y ofendido acude a la justicia para lavar la afrenta mediante el contrato de despacho gringo contra el chino desbozalado.

Que las autoridades mexicanas remitieron a la banca gringa los fondos con el pretexto de que la manca mexicana (sic) no admite depósitos de más de 10 mil dólares y, temerosos de Dios y respetuosos de su ley, pusieron en manos de las imperiales manos la cantidad de marras, a fin de que hicieran lo que saben hacer: buscar la manera de quedarse con los billetes porque no vaya a ser que hayan sido parte de operaciones de lavado de dinero que el chino perpetró en las ruletas de Las Vegas. Incluso, se adelanta una cantidad jugada y perdida con oriental alegría en la ciudad del pecado: 125 millones de dólares.

La DEA y demás agencias protectoras de los intereses gringos están a la caza de los haberes que dicen, con la seriedad con que un gringo habla de dinero, fueron mal habidos tras operaciones de lavandería a modo y con la gratuidad con que el gobierno mexicano responde a estímulos anales de importación.

Que las autoridades mexicanas se quedaron con los papelitos que demuestran que aceleradamente hicieron el envío de la súper-remesa a EUA como consuelo de una operación que más huele a sumisa ofrenda que a procedimiento legal.

Para enmarcar el triunfo de la democracia en México, estallan petardos de regular efectividad en instalaciones de Pémex, con lo que se generan las condiciones para que los gringos acudan en operaciones SWAT en defensa del petróleo que accidentalmente está del lado mexicano, pero que parece necesario, de una vez por todas, salvaguardar para las futuras generaciones de consumidores angloparlantes, allende el Bravo.

La por demás pírrica victoria del 2 de julio parece empeñada en trascender a través de las páginas de nota roja y, de alguna menguante muestra de la justicia mexicana en tiempos de la cancelación del estado de derecho y de la dignidad nacional en materia de política exterior.

Que las declaraciones de residencia de los dólares van y vienen de acuerdo como amanezca el funcionario bancario que declare, que los billetes verdes parecen ubicuos y a la vez escurridizos a las manos nacionales, en aras de obsequiar a Washington muestras de la confiabilidad de nuestras instituciones.

Que parece que fue ayer, cuando la gente se volcó a las urnas creyendo en la altura de miras del IFE, que sufragó en una elección que no permitió la transparencia y la certidumbre, porque el IFE no quiso, porque el PAN no quiso, porque el PRI se plegó acomodaticiamente a la lógica del divide y vencerás rabiosamente operada por la Gordillo y perrunamente obedecida por los profesores de México.

Que la derecha en el PRI se sumó a la derecha del PAN mediante abortos y desprendimientos vergonzosos, que la maestra escupió para arriba y fue protegida por la mano presidencial desde antes de abrir la boca y lanzar el proyectil que impactó las instituciones nacionales y las llenó de esa viscosa sustancia que corroe al sindicalismo mexicano, que la clase obrera salió raspada en lo profundo, que los legisladores dejaron de ser representantes populares para ser clones anencefálicos que cobran cada quincena.

Que la toma de posesión y el recordatorio un año después de las elecciones sigue tras las murallas protectoras del ejército, en una especie de secuestro institucional que termina disolviendo la credibilidad de la presidencia bajo un panismo cobarde y rencoroso.

Que la economía no tiene trazas de prosperar a pesar de que contamos con el ser más rico del planeta, lo que demuestra que el éxito en los negocios privados no necesariamente se traduce en el logro de los objetivos sociales del gobierno, según la Constitución.

Que la criminalidad termina por ser el sector más dinámico de la economía y, por lo tanto, los demás sectores para competir deben adecuarse a las nuevas “reglas del juego” para ser competitivos y, eventualmente exitosos en los negocios.

Que la competitividad supone la puesta en marcha de la inteligencia de los jugadores para sacarle provecho a las ventajas disponibles y estar continuamente descubriendo áreas de oportunidad, por lo que resulta chocante hablar de política de empleo y productividad, en una economía absolutamente condicionada a los intereses externos y a los nichos propios de las estructuras criminales internacionales, prudentemente alentadas y manejadas por Washington.

Ha pasado un año y el agua bajo las elecciones sigue subiendo a niveles preocupantes, los bordos de contención de la rabia parecen ablandarse: la reforma a la ley del ISSSTE, el golpe al Seguro Social, las luchas magisteriales sin logros ni reposo, la ausencia de financiamiento oportuno y suficiente en la educación superior, la falta de empleo y oportunidades para jóvenes y viejos, la escasa capacidad remuneradora del salario, la desesperanza y la atrofia en valores y conciencia ciudadana, terminan definiendo el perfil del triunfo del 2 de julio, ¿celebramos?

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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