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Mientras Sonríe
Por: José Darío Arredondo López
Mientras sonríe Felipe Calderón, un grupo de enfermeras recorre los callejones del poder judicial federal, en espera de ser recibidas y notificadas de qué se les acusa. Las largas jornadas de espera tienen como contrapunto las no menos agotadoras de su trabajo en el hospital.

Son trabajadoras de la salud que pasan por ser casi invisibles, casi inexistentes para sus jefes en el sector salud federal; sólo cuentan con la vaga protección de una especie de “seguro contra riesgos”, que pagan religiosamente de sus escasos ingresos, que se los ofrece una compañía radicada en el DF, y que ya les dijo su representante que no hablaran, para nada, “de las condiciones de trabajo” que soportan, jornada tras jornada.

Son las que atendiendo el servicio de urgencias, hace poco, vieron cambiadas sus vidas tan de repente, como la caída fatal que sufrió una paciente al caer de la camilla sobre la que reposaba. Son las que vieron con impotencia cómo el material con el que trabajan, o valga decir, contra el que lo hacen, contribuye a la muerte del paciente y a la conciencia de que, en el hospital, la muerte ronda por instrucciones de la autoridad competente.

Sucede que el ahorro permite que la refrigeración sólo funcione entre semana, porque los sábados y domingos, no hay medicamentos, oxígeno, materiales de curación. Se cree que el ahorro hace patria, se supone que la muerte se toma su descanso. La muerte subarrienda a la administración hospitalaria los servicios que entre semana proporciona.

Mientras sonríe Calderón, el recuerdo de un niño que murió en el DIF reclama atención; murió al ser atendido de hidrocefalia por un dentista que, como era cirujano maxilofacial, se creyó que podía intervenir al infante. De esa experiencia, la anestesióloga y el personal de enfermería que asistió al “doctor”, fue objeto de la persecución del largo y chicloso brazo de la ley. El dentista tratante, no.

Pero, volviendo al caso de las enfermeras federales, la prohibición de no hablar de las condiciones de trabajo refleja, si no me equivoco, un dejo de encubrimiento. La precaria atención se debe a que las condiciones resultan por debajo de los estándares internacionales y nacionales. Las carencias no pueden superar el empeño puesto por el personal en el cumplimiento de su deber.

Si a usted lo ponen en un servicio de urgencias, en donde hay diez camillas y cinco sillas donde se sientan los pacientes en espera de ser atendidos, además de un “aislado” y el consultorio médico, para ser atendidos por tres enfermeras, lejos de los pacientes porque la central se encuentra a una distancia de por sí riesgosa para la salud de los enfermos, la carrera que tienen que pegar para ver si pueden hacer algo por, por ejemplo, la dama que se cayó de la camilla, es un brinco a la nada.

Pero, como dice el agente de la compañía de seguros que les cubre el riesgo, no hay que mencionar las condiciones de trabajo en el hospital.

Si las condiciones de trabajo son malas, y a veces pésimas; si no hay materiales con qué trabajar, si falla la electricidad por ahorro del diesel que alimenta la planta para emergencias, si el aire acondicionado se regatea por cuestiones de ahorro, si el reglamento limita la permanencia de familiares, si el personal es poco y mucho el número de pacientes, entonces, cuando ocurre un accidente fatal, una caída explicable sólo si se toman en cuenta las condiciones de trabajo, ¿a quién se protege realmente cuando se prohíbe hablar de ellas?

Entonces, si las enfermeras no mencionan la fragilidad de las camillas, baratitas, ahorradoras, ¿quién resulta responsable? ¿Se trata de que las enfermeras con la camiseta puesta, se la jueguen por México? ¿La institución cree en el milagro de la multiplicación de los medicamentos, materiales, equipo, combustibles, ahorrando hasta lo criminalmente posible?

Mientras Calderón sonríe, la marcha de las instituciones de la república se ve interrumpida por una caída, por una muerte por negligencia institucional, por ahorrar recursos que no se tienen, por regatearle a la vida lo que la hace posible, por demostrar que la ley del ISSSTE y las reformas al IMSS ya están dando sus frutos.

Mientras Calderón sonríe, usted y yo sentimos pena por la salud nacional, por la vida de nuestros conciudadanos, por lo que hemos perdido gracias a la sonrisa vacía de los que, como Calderón, sonríen a la cámara y ofrecen, oprobiosamente, su mejor ángulo.

La salud es, finalmente, un espejismo en la cauda de derechos sociales que el gobierno neoliberal en turno, se empeña en conculcar. Pero, ahí vamos, con rumbo al informe. ¿Viva México?

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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