Buscar en:

Mándanos tu Artículo  Envíanos tu Artículo Sugerir al Autor Sugiere al Autor Enviar a un Amigo Envía a un Amigo

Al empezar el año
Por: José Darío Arredondo López
La noticia se desparramó como si fuera reguero de pólvora, frasco de canicas, agua desbordada desde una pendiente: Carmen Aristegui había salido de Radio W por ser “incompatible con el criterio editorial” de esta dependencia de Televisa y socios españoles del consorcio Prisa.

Usted dirá que al cabo no oía a Carmen Aristegui por la radio, toda vez que ni siquiera en la tele por CNN le llama la atención; podrá pensar que la periodista era buena, pero que su esfera de intereses estaba a kilómetros de distancia que la suya y que quien le manda por ponerse al tú por tú con la empresa a la que prestaba sus servicios. Se pueden decir muchas cosas, pero cabe ubicar el hecho en el contexto justo en que se dio.

Nuestro país, merced los gobiernos neoliberales de guarache que nos gobiernan desde hace 26 años, recrudecidos en los últimos 14, se ha visto sacudido en la conciencia por varias cosas, la más escandalosa y que es pertinente a lo que le platico, radica en la ausencia de crítica en los medios de comunicación de mayor penetración en el público: la televisión y la gran prensa nacional.

Salvo excepciones, los diarios y las televisoras le sacan la vuelta a manifestar opiniones que puedan ofender siquiera de lejos al supremo gobierno. Asumen los medios conductas poco éticas y simulan que aquí no pasa nada, que todo está bien, que las autoridades saben lo que hacen, dejando de lado el desastre nacional que se desparrama del centro a la periferia, siguiendo el patrón de difusión de la ideología dominante y las maravillas de la modernidad sin progreso.

Mientras se desparraman sucesos como los de que la tal Britney Spears consume drogas indicadas para caballos, su apariencia humana se diluye en medio de caracoleos equinos en el rodeo triunfal de la trivialidad encomiástica llevada a extremos: la cantante pop no es palomita de maíz sino noticia que vende como pan caliente, icono reblandecido por el fermento de su estupidez y aun así aplaudida por legiones de juveniles cuadrúpedos con vocación suicida.

Por los rumbos del norte y sur de México, los resabios de demandas agrarias insatisfechas festejan el nuevo año con alardes de motricidad rebelde: no al TLC o ya de perdida renegociación del capítulo agropecuario del mamotreto legaloide que nos ata a la dependencia alimenticia, aunque la demanda queda chica ante el clamor de cordura, de madurez que parecen reclamar los legisladores bien portados del régimen, panistas puros y limpios en defensa de la voluntad subordinada del presidente en turno, priistas y perredistas temerosos de parecer demasiado enfáticos en sus demandas de revisión del tratado, mejor dejándolo a la suerte de una mesa de negociaciones que lo arrojará al cesto de la basura durante, al menos seis meses.

Mientras una comisión nos distrae con sus deliberaciones, se consuma nuestra dependencia respecto a los gringos y sus hermanos canadienses, a pesar de que organismos calificados de la iniciativa privada se ponen en sintonía con el gobierno al minimizar los efectos de la apertura total agropecuaria porque, como las cucarachas, tenemos la capacidad genética de sobrevivir en las peores condiciones, asunto que es ventajoso para el gobierno trasnacional que nos habla de patriotismo y de los altos intereses de la nación en tiempos de la derecha panista, bien portada, amigable con los inversionistas y buena para vender patrimonio nacional y espacios comerciales al mejor postor.

Los problemas no resueltos con los que llegamos al 2008, más vale tratarlos como logros en proceso y no como lo que son. El encarecimiento de la canasta alimenticia parece no ser relevante en un país donde el salario mínimo disminuye en términos reales cada que se aumenta en términos nominales. La miseria llevada a extremos parece no existir en las cuentas alegres de un gobierno exitoso en la virtualidad de las noticias incensarias que con elocuente lambisconería deforman el mundo que tenemos por asidero de nuestra racionalidad como sociedad.

Sin querer decir que era lo máximo y el mejor y único ejemplo de periodismo ético, la Aristegui representaba una alternativa en un país de ciegos donde el tuerto es rey. Ahora los ciegos tendrán que tentalear paredes y pisos hacia la ruta del entendimiento de la postración generalizada y sus dramáticas consecuencias en el plazo que usted guste imaginar.

La negrura de la noche neoliberal pinta como escenario adecuado para cualquier tipo de pronunciamiento disruptivo, la raya que usted y yo pudiéramos pintar respecto al gobierno, la prensa oficial y oficiosa, la mendacidad que se cuela por los entretelones del quehacer público y privado y la indolente futilidad del individualismo rústico y desmañado de los acomodaticios que tratamos con familiaridad en todos los ambientes conocidos.

La verdad, al quedar proscrita en los medios de comunicación, deja el campo libre a la simulación, y el engaño, el encubrimiento y la manipulación mercenaria parecen ser los ejes ideales de una visión empresarial de las noticias. Seguramente Carmen Aristegui deja un hueco que será llenado con entretenimiento noticioso, con la tragedia cotidiana de un pueblo ignaro convertida en reality show, en un producto más de los negocios que manipulan la verdad haciéndola irreconocible.

Al empezar el año, las señales del hartazgo adquieren una mayor nitidez, una mayor fuerza que podrá tener la virtud de desencadenar el despertar de una conciencia nacionalista, latinoamericana, antiimperialista. O al menos, que genere las condiciones de un sano escepticismo que haga frente a la melosa bazofia en que se ha convertido la noticia en manos de Televisa.

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
Califica este Artículo
Excelente Muy Bueno Bueno
Regular Malo . . .
.

Para una mejor consulta de este producto se recomienda utilizar el navegador
Microsoft Explorer 4.0 (o superior) o Netscape Navigator 4.0 (o superior).