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¡Santos Panzones!
Por: José Darío Arredondo López
¡Santos panzones!

No, no se trata de una broma estudiantil. No es un diálogo en una comedia de enredo ni un chiste profano de taravisión. Calderón, el pequeño, aclara que su secretario de Hacienda no lo contradice, cuando uno declara que ahí la llevamos y el otro confiesa que la recuperación no necesariamente llegará en el 2010, mientras tanto Germán Ruiz de Economía alienta a la competitividad en medio de despidos y cierre de empresas y los recursos para la educación se reducen en 800 millones de pesitos. Las universidades habrán de ver cómo le hacen –porque el gobierno es muy respetuoso de la autonomía- para organizar su gasto ahora que tendrán menos recursos.

La buena noticia, como usted lo sabe, es que habrá un tope salarial a los miembros de la casta divina de los pinos y periferia burocrática, sólo que dejando fuera del recorte las generosas compensaciones, premios, bonos, estímulos y el etcétera que nos trae –a usted y a mí- por la calle de la amargura republicana ante los atropellos versallescos que se perpetran, a ritmo de conga, en el carnaval sexenal que padecemos.

Felipe Calderón, conocido capo del panismo organizado, hace ejercicios de demagogia presupuestal en una suerte de austeridad transgénica, porque se compone de elementos de distinta especie en el laboratorio de la impunidad y el cinismo, a la par que los desvelos de padres de familia, rectores universitarios, amas de casa, comercio en pequeño y simples ciudadanos de a pie, se recrudece y agudiza en una cadena de errores de política económica que permiten suponer que las declaraciones de que “ya se ve la recuperación” son menos confiables que la afirmación de que la economía nacional que se desplomó en 10.3 por ciento, no necesariamente va a recuperarse en lo que queda del 2009 y tampoco en el siguiente año.

Los reportes del desempleo, la criminalidad expresada en asaltos, secuestros, asesinatos y sustos de órdago, contribuyen a dar color a la existencia de los mexicanos, que acompañados por otros menesterosos le hacen el caldo gordo a las cifras que maneja el banco Mundial: habrá que contar 90 millones más de gentes en pobreza. Pero, aun a pesar de las cifras y los reiterados fracasos del modelo económico, el optimismo trasnochado del nuevo liberalismo que azota al mundo insiste en que lo que falta es ¡más mercado!

Desde esta perspectiva, donde el latrocinio puede estar autorizado por la Suprema Corte de Justicia en forma del cobro de intereses sobre intereses bancarios (anatocismo, pues) está bien que las guarderías se subroguen, que el estado se reduzca al mínimo, que los servicios se privaticen y creer que la relación entre oferta y demanda es la que determina precios, cantidades, calidades y variedades de los bienes y servicios en el mercado, ignorando el hecho histórico de que el mercado de libre concurrencia hace mucho tiempo que dejó de tener lugar en la realidad, ante la instauración de los monopolios y su cauda de influencia no sólo económica sino política.

El mercado como único regulador de las relaciones sociales, hace emerger el interés privado como única justificación de las acciones el gobierno y como norma de conducta de aceptación y observancia general. La moral de la máxima utilidad o ganancia es la moral que deben adoptar los ciudadanos-consumidores de las noticias del imperio.

Con esta moral que confunde el interés privado con el social y la libertad comercial con la social y política, los padres de familia deudos de los niños de la Guardería ABC, al reclamar justicia resultan ser “inmorales” (según ha revelado el señor Eduardo Bours), porque se oponen a la impunidad del comerciante voraz metido a prestador de servicios de guardería infantil y exigen el castigo a los culpables y la reparación de aquello que ocasiona este tipo de tragedias.

Sucede que la moral de los capitalistas del “haiga sido como haiga sido”, no es la misma que las víctimas diarias de los atropellos contra el derecho de los trabajadores a quienes se les expropió la seguridad social, la protección del gobierno y el respeto a su integridad familiar y personal. La moral de los dueños es distinta a la de los trabajadores, porque mientras que la primera está centrada en el hedonismo ramplón del logro económico sin escrúpulos, la de los segundos conserva los valores de la solidaridad y el respeto a la familia. Así las cosas, el reclamo de los trabajadores es “inmoral”, respondón e igualado con tan distinguidas personalidades que son ejemplo de emprendedores, hombres de empresa y pilares de la sociedad. El gobernador Bours, en este orden de ideas, solamente puso los puntos sobre las íes.

En el mismo sentido, ¿tiene algo de extraño que dos diputados del PRIAN, el Arzobispo Quintero Arce y representantes patronales metan las manos por los propietarios de la guardería ABC? No necesariamente, porque ¡es el sistema! ¿Aprenderemos algún día?

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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