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Importaciones Paralelas; el Final del Cuento.
Por Mauricio Jalife Daher

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Concepto:

El concepto de “importaciones paralelas” cobró popularidad entre nosotros en ésta década, como una contingencia que la apertura incorporaba a nuestra realidad comercial.

De acuerdo al actual estado de nuestra legislación de propiedad industrial, que en términos generales corresponde al que prevalece a nivel internacional, cualquier importador espontáneo que ingrese a México productos genuinos distinguidos con la misma marca que ya es materia de licencia o distribución en el país, puede comercializarlos libremente. Visto desde otra perspectiva, si los productos se compran en el extranjero, de cualquier otro licenciatario o del propio titular de la marca, pueden importarse a nuestro país sin que exista violación alguna de derechos de marca.

En este esquema se estima que, por encima de los intereses propios del distribuidor o del licenciatario, prevalecen los del libre tránsito de mercancías y los beneficios que finalmente el consumidor recibirá al consumir un producto auténtico, usualmente a mejor precio.

Sin embargo, la complejidad propia de los variados casos que la realidad conforma, y la certeza de que, bajo ciertos ángulos, el importador paralelo suele asumir una posición ventajosa, ha conducido a que en muchos sistemas las excepciones al principio general hayan alcanzado ya un nivel de generalización total.

En una primera etapa se cuestionaba que el importador no oficial se beneficiara de la publicidad del oficial; más adelante se cuestionó que el importador espontáneo, dada su ausencia de vinculación con la marca, careciera de infraestructura para responder a las obligaciones post-venta; luego vinieron los argumentos orientados a la defensa del consumidor, cuando ciertas diferencias de sabor entre los productos resultaban perceptibles. En un caso reciente, refrescos producidos en México han sido impedidos de ingresar a los EUA bajo el argumento de que en el traslado pierden el nivel de carbonización óptimo, a pesar de que ello resulta imperceptible para el grueso de consumidores. Y en otro caso, los productos no ingresaron porque la etiqueta involucraba ciertos derechos autorales que no están sujetos a la regla.

La lista de excepciones es ahora tan amplia como se requiera para oponerse a la importación de productos genuinos, cuando existe un licenciatario o un distribuidor oficial dispuestos a defender como propio el territorio por el que han venido pagando una regalía.

A la vuelta de unos años, al acumular resoluciones y fallos, la lista de razones para oponerse a una importación paralela es profusa y parece no tener límite para su crecimiento. La proclama universal de que los derechos de marca no deben ser obstáculo para el libre comercio ha terminado, y hoy parece regir una clara tendencia a que lo casuístico y particular devuelva a los distribuidores oficiales el control territorial al que nunca abdicaron.

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