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La Intimidad de los hombres públicos
Por: Luis Manuel C. Meján
Dos hechos recientes nos hacen reflexionar: la boda del hijo del presidente y el conflicto del gobernador de Quintana Roo con su esposa. Esos dos ejemplos, juntos en un período breve de tiempo, nos hacen reflexionar respeto de si los hombres públicos tienen derecho a la intimidad o no.

En el caso del gobernador de Quintana Roo el problema parece habérsele salido de control: hace un viaje al extranjero justo cuando un huracán azota a su entidad gobernada. El propósito del viaje no ha quedado en claro y eso irrita a la población y a la prensa.

Para atender una emergencia seguramente todos los equipos del gobierno estatal y los del gobierno federal pueden funcionar (de hecho funcionaron) sin necesidad de que esté presente el gobernador. Pienso que no debe de existir ninguna norma en el derecho positivo quintanarroense que ordene al gobernador cancelar viajes por motivo de huracanes. Sin embargo es evidente que hay una cuestión ética y de principios que piden que el primer preocupado en un desastre sea el gobernador del estado y que una sana interpretación de las normas constitucionales supone el deber de estar al frente de los equipos de trabajo, tomando las decisiones de coordinación necesarias.

Pero el punto no ha sido ese, sino que al no estar muy en claro si el viaje era realmente de Estado o particular, la esposa del gobernador sale a la prensa denunciando no sólo que no era un viaje con propósitos oficiales sino además de un adulerio manifiesto. El gobernador responde cesándola como presidenta del DIF e insinuando una debilidad en su salud mental.

Los problemas de la conducta persnal del gobernador, la salud de su esposa y la desestabilidad de la familia, o por lo menos de la pareja, han salido a ser materia del conocimiento popular.

En el caso del presidente de la república, un hijo suyo contrae matrimonio en circunstancias que suelen ser material de “chisme sabroso” para la voracidad pública de información sobre cuestiones privadas.

El presidente ha tenido buen cuidado, durante su gestión, de hacer presente su vida personal al público, parece ser una medida deliberada fin de proyectar una imagen de hombre común y corriente que tiene una vida personal como cualquier ciudadano.

Hasta no hace mucho, el presidente era un personaje hierático, más allá del bien y del mal, cuya vida privada era celosamente oculta, con una excepción: los deslices amorosos de algunos que se “ocultaban”, pero no mucho, para proyectar una imagen de un “macho” que lo hacía ser discretamente admirado por un gran sector del pueblo. Los casos de López Mateos y de López Portillo especialmente notorios.

Ante estas situaciones se pregunta uno: ¿Tiene el hombre público el mismo derecho a la intimidad que el ciudadano común?

Al parecer no. La intimidad es algo que todos entendemos pero que es muy difícil definir para efectos legales. Las legislaciones que lo han intentado han producido más que definiciones, descripciones más o menos complejas y prolijas, no siempre totalmente claras y suficientes. La razón de esa dificultad es que la intimidad está en relación con dos cosas: a) la materia en sí y b) las circunstancias que la rodean..

Por lo que toca a la materia ésta se presenta en grados, parece que cosas tales como preferencias sexuales, cuestiones financieras, cuestiones de salud, son claramente íntimas, mientras que la imagen, la conducta social parecen no serlo tanto. Por cuanto a las circunstancias es claro que hay algunas en donde la intimidad casi desaparece: a la pareja hay que revelar las preferencias sexuales, al banquero hay que revelarle las cuestiones financieras, al médico hay que revelarle las cuestiones de salud.

En el caso del hombre público, las circunstancias hacen que la initimidad sea menor. A un público gobernado puede no parecerle tener un gobernante disoluto en su vida privada. El hombre público (esto es el que es líder en algún terreno) debe estar dispuesto a que algunas de sus áreas reservadas entren al conocimiento público.

Las legislaciones sobre acceso a información y manejos de bases de datos personales avanzan y se van concretando, pero creo que de todos modos hace falta el regular la intimidad como derecho fundamental.

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