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La reivindicación de la empresa familiar Por: Cristina Massa |
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El término “empresa familiar” tiene cierta connotación emotiva que se traduce en la idea de un gran patriarca visionario que, con una buena idea respecto a un producto o servicio y un enorme esfuerzo, echa a andar un pequeño negocio y procura hacerlo crecer para que éste sea la fuente de sustento para los suyos por generaciones. El imaginario colectivo frecuentemente asume que el empresario terminará por nombrar funcionarios y miembros del consejo de entre parientes poco conocedores de la materia del negocio; permitirá que se utilicen recursos de la empresa como la caja chica familiar; realizará transacciones entre partes relacionadas desventajosas para la empresa y, en general, la manejará de acuerdo sólo a sus instintos –sin ningún tipo de método susceptible de ser transmitido a sus sucesores. La historia podría terminar de dos maneras: una, que al retirarse el patriarca, en una o dos generaciones los hijos o nietos arruinen la empresa; alternativamente, que se encuentren sucesores interesados que incluso pretendan institucionalizarla sacándola a la bolsa, pero que el grupo familiar mantenga el control absoluto y lo ejerza así sea en detrimento de los accionistas externos.
Frente a este empresariado amateur y posiblemente un poco propenso al abuso, parece encontrarse un universo distinto de la empresa no-familiar. Esta es grande, seria y, sobre todo, institucional; se caracteriza por la dispersión en el capital y la profesionalización de su administración: contrata a sus funcionarios de entre los egresados de importantes escuelas de negocios y los miembros del consejo son verdaderamente independientes, con sólidas trayectorias en empresas del ramo; existen manuales de procedimientos; la contabilidad se lleva de acuerdo a estándares internacionales, y la revelación de información es sistemática y transparente. Está al día en cuanto a gobierno corporativo se refiere (ofrecen protecciones legales y contractuales a los accionistas minoritarios) y tiene por ende un mejor desempeño. Sin duda, constituyen una mejor inversión. Ambos universos son plausibles y podemos encontrar numerosos casos para ilustrarlos. Partiendo de estos escenarios, se ha generado abundante literatura en defensa de la dispersión del capital y la profesionalización de las empresas como la mejor alternativa para proteger los intereses de todos los accionistas. Esta misma literatura comenta sin sorpresa los escándalos derivados de abusos cometidos dentro de las empresas familiares en detrimento de los inversionistas externos, como los recientes de Parmalat y Unefón, y considera excepcionales los espectaculares éxitos de Grupo Carso, LVMH o BMW, atribuibles más bien al talento personal y un poco a la casualidad. Estudios en el tenor referido atribuyen a los defectos inherentes a la empresa familiar el subdesarrollo de muchos mercados financieros, entre ellos el del mexicano. En otros términos, el grupo familiar de accionistas controladores siempre tendrá sus intereses por encima de los de la empresa, lo cual resultará en una colocación ineficiente de recursos para cualquier inversionista externo. En el caso de México, factores como las tradiciones patriarcales y la desconfianza en las instituciones han resultado en que la inmensa mayoría de las empresas –incluso las que cotizan en bolsa—tengan el carácter de familiar en cuanto a tenencia y administración. Por las razones aducidas, esto resultaría en una condena a sembrar en los inversionistas nacionales y extranjeros un exacerbado temor a que el grupo familiar controlador les expropie riqueza, lo que ha impedido el vigoroso crecimiento de los mercados. Sin embargo, el tema no puede reducirse a esta visión maniquea. Por un lado, existen numerosos aspectos positivos en las empresas familiares; y por otro, la mera abundancia de éstas no necesariamente vuelve poco atractivos a los mercados que las contienen. Es por esto que decimos que parecemos estar entrando en una etapa de verdadera reivindicación de la figura de la empresa familiar. Ahora bien, debe precisarse que esta posible reivindicación de la que hablamos es un fenómeno específico de las empresas familiares abiertas, de aquellas cuyas acciones cotizan en algún mercado de valores, en parte por la disponibilidad de información de éstas respecto a las cerradas, lo cual hace posible su análisis; y en parte por los motivos que veremos más adelante. Veamos cuáles son lo argumentos para justificar el reciente entusiasmo que se observa por las empresas familiares. En primer lugar, estudios recientes ponen en duda la postura de la literatura clásica en la materia, que asigna un gran peso específico a la dispersión de la propiedad y la administración profesional de la empresa en las decisiones de inversión. Estas investigaciones sugieren que la estabilidad política y macroeconómica, la calidad y flexibilidad del mercado laboral, el régimen fiscal, la clara definición de derechos de propiedad, la sofisticación y liquidez del sistema financiero, el estado de las instituciones en general y, en particular, la eficiencia del sistema judicial, tienen mayor relevancia al momento de decidir el foro para colocar recursos. Empíricamente se observan enormes flujos de capital (de entrada y salida) en ciertos mercados por razones no relacionadas con la estructura de la tenencia accionaria de cada país. Ejemplo de ello fueron el boom –y posterior bust—de inversión en los llamados tigres asiáticos y de la propia Latinoamérica. En segundo lugar, el fracaso estrepitoso de algunas de las empresas que parecían cumplir con todos los requisitos de estructura accionaria y profesionalización administrativa, como Enron y TyCo, puso en tela de juicio la idoneidad de los instrumentos habituales de control para evitar abusos corporativos. Estos hechos atrajeron atención hacia las empresas familiares como posibles alternativas de inversión. Empezaron a analizarse sistemáticamente las posibles ventajas de la concentración de capitales y de la existencia de grupos familiares de control, con interesantes hallazgos que discutiremos más adelante. En tercer lugar, y más relevantemente para nuestros efectos, novedosas investigaciones recientes sugieren que el desempeño de las empresas familiares abiertas supera al de las no familiares en Estados Unidos y en Europa. El Journal of Finance publicó en junio de 2003 los resultados de una investigación de Anderson y Reeb en la que se encuentra evidencia empírica de que las empresas familiares, ya sea dirigidas por miembros del clan o por administradores profesionales, muestran mejores resultados contables y financieros: sus valuaciones y retornos respecto a activos son más altos. Los autores no niegan los problemas inherentes a la empresa familiar: los dueños, en efecto, tienen los incentivos y el poder para beneficiarse a costa de la empresa y de los accionistas externos; con frecuencia no maximizan el valor de los flujos excedentes (por ejemplo, no se invierte en proyectos de expansión rentables porque deciden tomar un dividendo); propician la contratación y permanencia de parientes como funcionarios o empleados, quienes resultan frecuentemente ineficientes; y en ocasiones se asignan salarios excesivos o no justificados. No obstante lo anterior, el grupo de accionistas familiares tienden a ejercer un estrecho monitoreo de los administradores (sean éstos parientes o profesionales), reduciendo los problema de agencia y de expropiación; tienen horizontes de inversión más amplios, lo que mitiga los riesgos de la miopía en las decisiones de inversión en las que incurren frecuentemente los administradores profesionales; frecuentemente, tienen también conocimiento especializado del tema del negocio y conocen mejor que los profesionales el mercado en cuestión y sus fluctuaciones. Y, como se dijo anteriormente, la evidencia empírica soporta la tesis de que estas ventajas parecen superar a los problemas, dado que el desempeño observado por las empresas familiares en el índice Standard & Poor’s 500 supera al de las no-familiares. Algo similar está ocurriendo en Europa: un análisis de los seis índices principales de los mercados de valores europeos (Inglaterra, Alemania, Francia, España, Suiza e Italia) entre 1993 y 2003, muestra que las empresas familiares también están superando en cuanto a desempeño a aquéllas que no lo son. Compañías como BMW, L’Oreal y Sanofi presiden el espectacular crecimiento (206% en Alemania) de las empresas familiares dentro de los índices europeos. Cabe destacar que el hecho de que sean controladas por un grupo familiar, pero que sean empresas abiertas, es especialmente relevante: a diferencia de las compañías cerradas, las que tienen valores listados están obligadas a mantener los estándares y a cumplir con los requisitos de revelación de información establecidos por las autoridades bursátiles. Esto contribuye a que los administradores puedan mantener bajo control ciertas situaciones familiares difíciles (como la de dar o no un contrato a un pariente cuyo rendimiento se sabe que será subóptimo), so pretexto de que las reglas son claras y no negociables. Otro punto a destacar es que algunas investigaciones indican que existen industrias y sectores que resultan especialmente beneficiados de la tenencia familiar: entre las 120 empresas francesas más grandes, predominan las empresas familiares en las industrias de productos de lujo, automóviles, medios de comunicación y comercio al menudeo, a diferencia de sectores más intensivos en capital, como energía o servicios públicos. Los sectores favorecidos aducen como una ventaja el hecho de que las decisiones se pueden tomar más rápidamente en empresas familiares, y que la sensibilidad y conocimientos respecto a la materia del negocio puede acumularse de manera mucho más natural que en las empresas no familiares. La reivindicación de la empresa familiar, pues, tiene fundamentos empíricos y teóricos. Derivado de ello, observamos en la actualidad un vigoroso interés académico y profesional por el análisis de las empresas familiares. Muestra de ello son los centros de investigación dedicados exclusivamente al tema que han surgido por todo el mundo, la gran cantidad de tesis doctorales al respecto, y las numerosas publicaciones, libros y revistas especializadas. Resultado de este más profundo análisis de la temática relevante son las investigaciones que se están llevando a cabo para determinar las relaciones que tendrán las nuevas estructuras familiares en la gestión de las empresas familiares: el modelo tradicional de empresa familiar ha funcionado con base en familias extendidas, numerosos hijos de entre los cuales uno está destinado a hacerse cargo de la empresa, y de ciertos niveles de cohesión familiar, factores todos que se han visto modificados en la última generación. En fin, los argumentos expuestos pueden servir de incentivo para ver a las empresas familiares con nuevos ojos y una menor desconfianza para las futuras decisiones de inversión, sin que por ello se ignoren o minimicen los beneficios de la pulverización del capital y de la administración profesional. |
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