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Una Poca de Sensatez Por: José Darío Arredondo López |
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Matrimonio: institución social en forma de contrato, que constituye la forma reconocida de casamiento o constitución de una familia/ marido y mujer (Diccionario de la lengua española Océano). Unión legal de varón y mujer; hombre y mujer casados. L. Matrimonium, mater, madre (Academo, diccionario etimológico)
La institución matrimonial legitima, es decir, confiere reconocimiento social al acto de unión entre un hombre y una mujer para constituir una familia, es decir, para tener descendencia. Es una institución social porque da garantías a los cónyuges y a sus hijos en la salvaguarda de sus derechos, no sólo como ciudadanos, sino como partes integrantes de una sociedad que tiene por finalidad la continuidad de la especie, de donde el Estado se obliga a proteger y reconocer el derecho de los descendientes, que son el producto y objeto de la unión. El matrimonio, por lo tanto, se instituye para proteger y delimitar a la célula fundamental de la sociedad: la familia. De ahí que matrimonio sea la institución en el seno de la cual la mujer adquiere la calidad de madre, no sólo desde el punto de sus potencialidades biológicas, sino con una plena connotación moral. En otras palabras, supone una responsabilidad compartida entre los dos únicos seres que biológicamente pueden producir una nueva vida humana. El acto carnal es un momento fundamental de una relación que inicia con el compromiso de amarse y respetarse, de ahí que la genitalidad sea el refrendo, la consumación del acto formal y real. Los hijos producto de la unión culminan el proceso en tanto que son su consecuencia. Es, finalmente, el reconocimiento social, legal de algo esencialmente natural. Recientemente, el Vaticano se pronunció en contra de las uniones entre homosexuales, refrendando el carácter sacramental del matrimonio. Las reacciones no se han hecho esperar y vienen desde las más altas esferas del poder hasta las manifestaciones callejeras de grupos que se sienten afectados. Las uniones entre personas del mismo sexo por obvia condición natural no tienen la finalidad de integrar una familia, por más que se esgrima el argumento del amor. Su finalidad no corresponde a las condiciones básicas matrimoniales, sino a la pretensión de formalizar una muy particular forma de expresar la sexualidad, en la cual pudieran reconocerse lazos afectivos, pasionales o amorosos. La diversidad sexual no es un capricho social sino un imperativo natural. La unión se da entre hombres y mujeres porque sus aparatos genitourinarios y sus estructuras anatómicas y funcionales sirven al propósito de la procreación. La sociedad reconoce y protege estas diferencias y se hace cargo de las consecuencias de los actos consumados por la pareja así integrada. Difícilmente se puede justificar racionalmente la pretensión de unir a dos personas del mismo sexo en una institución natural y social que tiene por finalidad lo que para la unión homosexual es imposible. La naturaleza no obedece a las manipulaciones de personas o grupos, a las presiones a los gobiernos o a las marchas, manifestaciones, carnavales, desfiles y proclamas publicitarias. En otro orden de ideas, todo ser humano, por el hecho de serlo, tiene derechos reconocidos y defendidos por las instituciones nacionales e internacionales, de manera que, bajo el amparo de la ley, puede desarrollar una vida privada que, sin afectar intereses de terceros, debe y tiene que ser respetada. Las personas de uno u otro sexo deben ser reconocidas por sus méritos personales y profesionales, ser respetadas y tratadas con consideración, de acuerdo a su edad y circunstancias, sin discriminación alguna por cuestiones de edad, sexo, raza, religión e ideas políticas. El reconocimiento y la sanción legal a asuntos de estricta competencia y decisión personal están fuera del alcance de las leyes, es decir, son de la esfera privada. Como se dice vulgarmente: “cada cual hace de sus pliegues papalotes.” De acuerdo a lo anteriormente expuesto, resulta sensato el pronunciamiento vaticano, de acuerdo a la naturaleza de la institución matrimonial, desde la perspectiva moral y legal. Da pena ajena ver las manifestaciones homosexuales en las calles, las estridencias que convierten en chacota algo que es dolorosamente humano. El drama de la homosexualidad es soslayado por quienes ven en la problemática conductual humana una oportunidad de hacer negocio, y si no, veamos: En los nuevos comerciales de la televisión, se venden licores usando la imagen de parejas del mismo sexo, en un entorno insinuante de glamour y diversión. Así como las bebidas, hay viajes, cosméticos, ropa y un sinnúmero de productos y servicios que se registra en los ingresos de las grandes empresas trasnacionales. Lo que inicia como una situación personal, termina como un argumento de venta para los nuevos defensores de causas sociales que no lo son tanto, y si mucho de engaño, deformación de la imagen humana, sórdida manipulación y abuso de la ignorante exacerbación de sentimientos e intereses de personas o grupos sin mucha idea de lo que proponen y menos a qué intereses finalmente sirven. Aquí se requiere una poca de sensatez, ¿será mucho pedir? Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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