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El Futuro, hoy Por: José Darío Arredondo López |
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Algunas gentes piensan que las manifestaciones de los llamados “globalifóbicos”, de acuerdo a la caracterización que pasaría a concepto de uso común, acuñada por el ex presidente Ernesto Zedillo, son de mal gusto, negativas y exageradas, de acuerdo a las apariciones de hombres y mujeres desnudos en la playa conformando expresiones como “NO OMC”.
Los propios manifestantes declaran que no son ellos los globalifóbicos sino los que se encuentran debidamente instalados en los hoteles de cinco estrellas de Cancún, gozando de la protección del Estado mexicano y con el respaldo del suyo propio, frente a una multitud de personas, ciudadanos del mundo que se manifiestan en las calles de la manera en que pueden. Ellos, los contarios a la presencia y propósitos de los representantes comerciales, se auto denominan “alter mundistas”. Los manifestantes de adentro de los hoteles y que gozan de la protección de cientos de guardias de seguridad, y que han convertido en un verdadero bunker la zona destinada a la reunión de la OMC, expresan la ambición de las empresas trasnacionales de acabar con toda resistencia al deterioro de la naturaleza en aras de la ganancia comercial de los consorcios que representan. Son la manifestación del capital como súper gobierno mundial, por encina de cualquier soberanía. Los que se encuentran en las plazas, en las calles, en las playas, son representantes de un mundo cada vez más agobiado por la inequidad en la distribución del ingreso y en general de las oportunidades de sobrevivir en un régimen que, en vez de fomentar la competencia, lo hace con la “competitividad”. Lo primero significa capacidad de respuesta, mientras que lo otro supone una lucha por ganar a como de lugar. El mundo competitivo de hoy destruye el tejido social a partir de que antepone al bienestar colectivo el particular, concentrado éste en muy pocas manos. La pequeña porción de empresas gigantes que controlan al mundo, tienen en sus manos el poder de vida y muerte sobre miles de millones de seres humanos, como que controlan la producción de alimentos procesados y avanzan aceleradamente en la agricultura, de manera que se depende de ellas para comer, es decir, controlan los hilos de la vida de millones de agricultores a lo largo y ancho del mundo, haciéndolos languidecer y plegarse a sus designios. La agricultura como actividad forjadora de civilizaciones corre el peligro de quedar reducida a una anécdota de carácter histórico social. Ante esta amenaza se pronuncian los agricultores franceses, mexicanos, estadounidenses, canadienses, y así hasta hacernos ver que el movimiento no es de unos pocos exaltados, sino que tiene alcances mundiales, es, simplemente, la manifestación de protesta de quienes creen que otro mundo es posible, de ahí que se denominen alter mundistas. La oposición a los apetitos de las grandes corporaciones productoras de organismos genéticamente manipulados es una de tantas manifestaciones que van por la ruta del alter mundismo. En el caso de nuestro país, la introducción semiclandestina de productos transgénicos adquiere relevancia si tomamos en cuenta la deformación que sufre el campo mexicano, que al atraso habría que agregarse la dependencia, en detrimento de las condiciones de vida de millones de campesinos. La agresividad de los enemigos del globo no conoce límites, puesto que se sirve de los gobiernos, los manipula y vuelve contra sus propios gobernados, con lo que fomenta además de la dependencia alimentaria, la dependencia política y con toda certeza, la debilidad de los acuerdos nacionales en beneficio de la vida civil; es decir, genera las condiciones para la ilegitimidad de los gobiernos al no cumplir éstos con sus obligaciones constitucionales, sobre todo los atinentes al desarrollo económico. La cumbre de Cancún representa entonces la prepotencia avasalladora de los ricos, protegidos por el gobierno anfitrión, y la desesperación de los pobres, quienes se manifiestan como pueden y con lo que tienen contra esa concepción egoísta y destructiva de lo que es y lo que será el mundo, de no revertirse la dependencia genocida de los muchos hacia los menos. México debe defender la causa de los campesinos, del pequeño y mediano agricultor, en bien de nuestra soberanía y de la paz mundial. Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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