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Llamando al Diálogo Por: José Darío Arredondo López |
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Pues el presidente Fox insiste en su llamado al diálogo. Las fuerzas políticas ya pueden respirar tranquilas pues el jefe de las instituciones opta por oficializar el pega y soba. Quienes sientan el desprecio presidencial pueden ignorarlo, dejar pasar la oportunidad de exigir un trato republicano y esgrimir razones que bien pudieran ser válidas en alguna democracia de carne y hueso.
La autocomplacencia pasa a ser conducta exigible socialmente, de manera que la convivencia está determinada por la uniformidad de opiniones y las formas estandarizadas de expresión. La rutina de pensar de manera semejante puede romperse con la alternativa de pensar de manera similar, siempre y cuando las diferencias se ignoren, oculten o maticen. El pensamiento foxista es a la concordia política lo que la anencefalia es a la inteligencia promedio de los mexicanos, de manera que la revelación de que el gobernador Estrada Cajigal está ligado a los negocios de moda no desentona en absoluto con la solidaridad y apoyo manifestado por la bancada panista en el Congreso de Morelos. Tampoco resulta chocante el hecho de que las autoridades federales encargadas de la procuración de justicia tengan tratos cordiales con Carlos Ahumada Kurtz, haciendo pasar corajes a la Procuraduría del DF. Al respecto, cabe señalar que la deportación del sujeto de marras por parte del gobierno cubano agiliza lo que la PGR no necesariamente trataba de adelantar. Las declaraciones del acartonado burócrata militar titular de la PGR son consistentes con las del propio Secretario de Gobernación, en la vertiente de hacer declaraciones reclamando para sí el uso y abuso de la verdad como patrimonio políticamente utilizable. Con ello, la teoría del complot adquiere visos de credibilidad que se fortalecen tras las baladronadas tronantes del llamado jefe Diego, paladín de la justicia cómodamente instalado en el manejo discrecional del poder. También resulta congruente la rectificación del dicho del diputado presidente de la Cámara de Diputados, Juan de Dios Castro, cuando afirma que siempre sí tiene tres colores la bandera nacional, sólo que pretendía llamar la atención sobre el color del lago que rodea el islote, en el escudo nacional. Tamaña tontería sólo es posible en una democracia donde los valores republicanos son desechables, y la confianza de los niños también. El diálogo político, desde esta perspectiva, pudiera significar la cancelación de las oposiciones y el jolgorio azulado de la fantasía hecha gobierno. Foxilandia adquiriría forma y sustancia corpórea en una réplica de la Tierra de Nunca Jamás, en la que, ante la posibilidad de un embarazo no deseado, la primer abuelita de la nación también se toma “su pastillita”. Llamar al diálogo a un pueblo con una conducción política envidiable en los parámetros de un papalote sin cola, es un acto de fe. También lo es el suponer que el 1º de mayo se puede transformar en una asamblea anodina sin reconocer el fracaso de la movilización obrera como manifestación de conciencia de clase, cuando renuncia a su esencia, cuando se convierte en un acto protocolario que no pretende tener sustancia, que se preocupa más por quedar bien con el poder y no con la reivindicación de derechos adquiridos a través de las luchas de los trabajadores contra los abusos del capital. El diálogo entre pueblo y gobierno se da en las calles, en la vida cotidiana, en la obra pública, en las oportunidades de empleo digno, en la salud, en la educación, en la vivienda, en la seguridad social y pública. No es una formalidad discursiva, sino una práctica republicana que se refrenda todo los días. La ausencia de un gobierno con conciencia social se ve acompañada de un movimiento obrero auto castrado, ridículo, alcahuete y anodino. De ahí que ya no se tomen las calles, que ya no se manifieste a fuerza del movimiento a través de lo nutrido de sus contingentes, de la firmeza de sus convicciones expresadas en consignas, en reclamos, en compromisos públicamente establecidos, de manera enérgica y transparente. El gobierno de Fox se colapsa en su inutilidad tragicómica, pero el movimiento obrero se reduce a un mitin, a una asamblea refrigerada, a una comida con discursos, entre bostezos y añoranzas. Correo electrónico: dario@rtn.uson.mx |
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