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El IMSS y la Globalización
Por: José Darío Arredondo López
Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía y ex - asesor del presidente W. Clinton, revela en su libro Los felices 90 (Taurus, México, 2004) que, con el final de la guerra fría, los Estados Unidos se encontraron con la oportunidad de “crear un nuevo orden mundial basado en valores norteamericanos, que reflejara nuestro sentido del equilibrio entre el Gobierno y los mercados, y que fomentara la justicia social y la democracia en todo el mundo”, y señala que un instrumento relevante para el logro de estos propósitos fue la firma del TLC, ya que “estos acuerdos prometían ventajas sin cuento” para la economía de EUA.

Esta visión del mundo teniendo como centro los intereses de una nación, distorsionó las relaciones internacionales y definitivamente trastornó la vida de los pueblos, a partir de que “la globalización no siempre ha traído los beneficios que prometía”. Señala Stiglitz que Asia, gracias a que no obedeció las recetas extendidas por Estados Unidos para lograr el crecimiento y desarrollo, se ha salvado de correr la suerte de Latinoamérica, donde la pobreza está a la alza y adquiere tintes dramáticos en “demasiadas partes del mundo”.

El crecimiento en Latinoamérica, afirma, se redujo a “a poco más de la mitad de lo registrado en los años cincuenta, sesenta y setenta”, por lo que “poco puede asombrar allí el descontento.”

Sin embargo, recientemente el presidente Fox, dio en defender la firma del TLC porque según él, ha tenido un “resultado verdaderamente exitoso”, habida cuenta que ha impulsado el crecimiento y la generación de empleos en México “convirtiéndolo en la novena economía del mundo y en la séptima potencia exportadora” (La Jornada, 18/07/2004).

La visión foxista de la realidad parece interpretar en sentido contrario la realidad mexicana, ya que, como usted seguramente lo sabe, las cifras del desempleo son impactantes de acuerdo con INEGI.

Mientras que el salario ha perdido 75 por ciento de su valor en las dos décadas de neoliberalismo en México, la pulverización del empleo ha avanzado, ya que se tienen, solamente en las 32 ciudades seleccionadas, 825 mil 541 personas que buscan empleo sin encontrarlo.

En esta materia destaca Hermosillo, con una tasa de 6.2 por ciento respecto a la población económicamente activa. La capital de Sonora tiene una tasa de desempleo por arriba del DF que tiene 4.9 por ciento, mientras que la ciudad con tasa más baja es Tijuana, con 0.7 por ciento.

Este panorama, negro de por sí, parece resistir las buenas intenciones mercadotécnicas, centrado en las posibilidades de empleo en el sector servicios a finales de año, si se toma en cuenta que la oferta estará ligada a trabajos eventuales en espera de un cada vez más disputado y reducido aguinaldo. De prestaciones sociales, ni hablar.

Pero, siguiendo con Stiglitz, los acuerdos internacionales de la era Clinton, tuvieron la función de obligar a los países a abrir sus mercados de capitales a los derivados y flujos de capital especulativo gringo, a sabiendas de sus efectos desestabilizadores, pero “tal era la voluntad de Wall Street, y la voluntad de Wall Street acostumbra cumplirse”, asimismo, los países en vías de desarrollo recibieron instrucciones de abrir sus mercados a toda forma imaginable de importación, mientras que EUA, mantuvo “bien firmes nuestras barreras arancelarias y los subsidios a la industria agropecuaria estadounidense, cerrando así nuestros mercados a los agricultores del Tercer Mundo.”

Usted, paciente lector, compare el tono del discurso del gobierno de Fox, en boca del secretario de Agricultura y todo lo demás, y verá un ejemplo luminoso de obediencia al extranjero: Regaña a los productores, les exige eficiencia y abre todo lo posible la economía agropecuaria al desigual mercado gringo, importando lo que gusten mandar.

En materia de seguridad social, Stiglitz nos revela que, mientras en EUA “defendíamos nuestra seguridad social pública contra la privatización, alabando sus reducidos costes de transacción y la seguridad de ingresos que proporcionaba, además del modo en que prácticamente había erradicado la pobreza entre los ancianos”, muy otra cosa ocurría en el extranjero, donde “presionábamos a favor de la privatización.”

Dicha presión por la privatización ha sido el credo de los neoliberales de guarache, entre los que pretende descollar Vicente Fox y su gobierno del cambio. En consecuencia, a la reforma zedillista a la Ley del Seguro Social se pretende agregar el crack definitivo de la seguridad social en México, lo que va junto con pegado la existencia del sindicalismo nacional en tanto defensor de los derechos de los trabajadores.

La privatización de los fondos de ahorro de los trabajadores forma parte de esta oscura maniobra contra la seguridad social, puesta en manos de empresas extranjeras, no necesariamente significadas como caritativas o simplemente solidarias con los trabajadores. Aquí hablamos de negocios, no del cumplimiento del Estado de sus obligaciones constitucionales.

La creciente indefensión de los trabajadores en retiro trae aparejada la disputa por los pedazos del pastel de los ahorros y la siempre abierta posibilidad para las empresas administradoras de jugar en la bolsa, a ganar o perder lo que ha costado a otros, los desposeídos de siempre.

El gobierno mexicano se ha empeñado en cumplir el capricho de Wall Street, poniendo en peligro un terreno que se había consolidado en México, con sus defectos y todo, pero que servía como factor de equilibrio entre el capital y el trabajo. Podíamos, con sus limitaciones, hablar de justicia social.

Queda claro que el gobierno actual y los anteriores neoliberales que azotan la nación desde hace dos décadas no van a parar hasta que acaben con lo que hay. Dejan a su suerte al campo, a la industria, al comercio, a las empresas de energía eléctrica oficiales favoreciendo la generación privada de energía y con ello una sobreoferta del fluido. La CFE se obliga a comprar los excedentes y además tiene que parar algunas de sus plantas.

PEMEX y CFE, entre otras, dejan de invertir para actualizar el equipo y, en general, la tecnología industrial nacional para crear la idea de obsolescencia y permitir que el capital extranjero sea la única alternativa de solución; malbaratan tras operaciones más que fraudulentas a la banca para caer en manos de tiburones transnacionales, dejando el manejo de las finanzas y la función de la banca al juego de los intereses del exterior.

En este contexto, la reforma que el gobierno asociado con la fracción parlamentaria del PAN y una corriente del PRI, pretenden hacer triunfar, no necesariamente tiene por finalidad “rescatar al IMSS” sino crear las condiciones para su privatización.

El gobierno se ha empeñado a generar desempleo a través de su esquema de política económica, a la par que pone en manos de agentes privados, sobre todo extranjeros, la seguridad social, en una clara renuencia a sus obligaciones constitucionales.

Impulsa el autoempleo y con ello abre un frente importante a la informalidad, es decir el no pago de impuestos y carecer de seguridad social. En México, uno de cada cuatro ancianos carece de protección en materia de pensiones y jubilaciones.

En síntesis, lo que ocurre actualmente en el IMSS es parte de una operación de desnacionalización y de privatización de los activos de la nación, una verdadera invasión del capital extranjero alentada y solapada desde el gobierno federal. Es traición a la Patria.

Correo electrónico: dalmx@yahoo.com
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