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Día de muertos Por: José Darío Arredondo López |
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El culto a la muerte empieza a partir de la expedición de las credenciales mínimas para circular en este mundo, de manera que el acta de nacimiento pudiera considerarse como el documento que permite la expedición de otro, que es el acta de defunción.
El tránsito entre una y otra acta es lo que llamamos vida, terreno fértil para la construcción del currículum a partir de las oportunidades que dan las instituciones para documentar el cúmulo de logros y fracasos durante el ciclo vital. La carrera por la vida implica vías torcidas y tramos rectos; somas de penumbra y áreas soleadas y luminosas que terminan atrapando la atención del propio sujeto que vive, y que quedan guardados en la egoteca o archivero de las satisfacciones que dan sentido y dirección a la idea que tenemos de nosotros mismos. Los aspectos tortuosos corresponden a las colecciones de nuestros detractores, críticos o simples aves carroñeras que revolotean sobre nuestras miserias, con la avidez propia de los seres que, aunque vuelan, poseen mentalidad de reptil. La vida es, pues, una construcción que si se documenta, existe. Puede ser consultada, servir de referente para los logros o los fracasos de los demás. Una existencia anónima no lo es tanto. Para serlo requiere de la fe pública. Usted o yo, sabemos de los demás por su trascendencia noticiosa, sea por vía del trato directo o por los medios de comunicación masiva. Sabemos del otro gracias a la excitación de los sentidos, de manera que sin saberlo somos seres mediáticos. Un ejemplo de construcción curricular es el de los políticos. El asalto a la atención del televidente cae en los excesos propios de una irrupción a la intimidad que no se da una vez, sino que es reiterada como si la repetición validara al mensaje y al sujeto que lo emite. La pasión por México y la política como vocación planteada por Arturo Montiel en los promocionales de su precandidatura presidencial, mil veces vistos en las pantallas de los televisores, deviene farsa y sainete tras trascender la abundancia de sus bienes inmuebles, la sórdida riqueza que suponen, a contrapelo con el discurso de honestidad y afán de servicio. El expediente Montiel se abrió para revelar algo más allá de la aparente “pasión por México”, permitiendo avizorar la calidad de otro expediente, el de la profesora chiapaneca Elba Esther Gordillo Morales, cacique y propietaria del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). La turbia carrera de los personajes que hicieron cubil y escudo de un partido político para sus negocios particulares, al ser expuesta al público escrutinio supone la expedición de un acta de defunción en el tráfago vital de la política, amén de un eventual cese de la impunidad que suele acompañar a los enriquecimientos extraordinarios. El expediente así revelado, permite suponer que los políticos que apoyaron al ahora difunto, o cojean de la misma pata, o son torpes de solemnidad al ser apoyantes públicos y notorios de un corrupto. Llama la atención cómo seres adultos, supuestamente experimentados, caen en las trampas que sus propias lenguas les ponen en su camino. La capacidad autocrítica parece ser una especie en extinción en el seno de la clase política. Resulta risible cuando no espantable ver cómo un sindicato es manipulado como si fuera de chicle, zarandeado por decisiones cupulares y denigrado cuantas veces sirve como ariete contra las malquerencias de su propietaria. Un sindicato que deviene en grupo de porros vociferantes por encargo, obediente de consignas que robotizan a sus ejecutantes. Por otro lado, los expedientes de Felipe Calderón (el señor de los autopréstamos cuando titular de Banobras), de Creel, (por aquello del exceso en los gastos de otras campañas, como la del DF), y del propio Vicente Fox (por aquello de los recursos raros que captó vía “Amigos de Fox”), no hayan terminado en la mesa de la fiscalización oficial, nadie puede negar su descrédito público. Hablamos de trayectorias vitales en vías de su cancelación oficial, es decir, del cierre de su expediente por obra de la autoridad competente. Hablamos de una clase política disonante, rufianezca, parasitaria. El día de muertos es la celebración onomástica de los expedientes revelados desde la perspectiva de su lado oscuro. Pero la muerte no tiene por qué ser de otro color. Correo electrónico: dalmx@yahoo.com |
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