|
|
|
|
||||||||||
|
||||||||||
|
Máscaras y Cabelleras Por: José Darío Arredondo López |
||
|
Un saludo al caballero argentino Raúl Arnaldo Famá,
conocedor del poder y trascendencia de la palabra escrita.
Actualmente las pantallas colman el ojo de los televidentes con basura selecta por las principales empresas comerciales que pasan a sentar cátedra sobre moral y buenas costumbres, sobre salud y belleza, sobre alimentación y cuidados de la piel, pasando por consejas políticas y aportaciones culturales “sin las cuales México no sería lo mismo”. Una empresa en particular colma la paciencia y desborda las posibilidades de evasión de cualquiera, y es que la presidencia de la república tiene, al igual que el partido oficial con su candidato Felipe Calderón (el de las manos limpias tras el autopréstamo frustrado de Banobras), un gran poder de penetración. Se ha tomado por asalto el tiempo libre de los ciudadanos y llenado con basura cada poro de su atribulada conciencia, con lo que el lavado cerebral pasa a ser práctica consagrada en nuestro país; así las cosas, el mensaje puede ser lo altanero y bravucón como se quiera, tan cursi y amelcochado como se pueda y, para colmo, pasar por ser la tabla de salvación de los millones de náufragos que luchan por salvarse de los embates del neoliberalismo, en una cínica exhibición de sadismo político. La promesa de seguir por el mismo camino resulta la verdadera antesala del infierno eterno, reciclada cada seis años, por aquello de que “no hay que cambiar de caballo a la mitad del río”, sin embargo, confiados en la estupidez ambiente cuando no de la poca memoria de los ciudadanos, el candidato oficial Calderón insiste en las bondades de lo que pudo haber sido y no fue. Sea en la inauguración de una obra pública o en un foro internacional, el presidente Fox insiste en hacer campaña política a favor de Calderón, el pequeño, en un patético esfuerzo por manipular, una vez más, la voluntad ciudadana. La frase sospechosamente reiterada de que “México ya cambió”, y que “Si seguimos por este camino, mañana será mejor que hoy”, marea al auditorio de cualquier lugar y pinta de colores funestos lo que pudiera haber sido una lucha electoral justa. El ambiente enrarecido que priva en la nación puede empeorar y desembocar en situaciones alarmantes que comprometan la credibilidad de los resultados, a partir de la innegable ingerencia presidencial en el proceso. En el mismo sentido, la pantalla del televisor mana pornografía política cuando nos hace tragar la absurda cháchara del enmascarado conocido últimamente como “delegado Zero”. El edípico mamarracho está de sobra en un proceso en el que de por sí ha faltado capacidad de propuesta y sobrado el exhibicionismo de las miserias intelectuales y políticas de los contendientes, según se demostró en el llamado debate. Acto inútil de carácter asnal que no aportó ni clarificó nada al debate político real del país, pero que demostró el poder de las televisoras y su capacidad para deformar la práctica política, a partir de un auditorio manipulable y bastante acostumbrado a los espectáculos denigrantes en horario estelar. Si la autoflagelación se ofrece como una salida a los mexicanos para expiar los pecados acumulados desde el tiempo de la colonia, la posición de la derecha de guarache encarnada en Felipe, el pequeño, no enaltece para nada la idea de una nación forjada en el mestizaje y templada en la Reforma y el triunfo del liberalismo nacional, pulida en la Revolución y conducida con gallardía durante el gobierno revolucionario de Lázaro Cárdenas. Diría que al contrario. Tanto Marcos con un indigenismo utópico, no por ser injusto el reclamo o falsa la necesidad de los pueblos indígenas, sino por el absurdo de negar 500 años de desarrollo de la sociedad civil que ahora llamamos México, como Felipe Calderón, el pequeño, manifiestan una ignorancia supina respecto al devenir de la nación y su compromiso, en este caso histórico, con su matriz iberoamericana, por lo que ver al sur no sería nada malo. El utopismo de izquierda autoproclamada y el bobalicón discurso de la derecha inculta y flatulenta terminan en el mismo intento de secuestro de la voluntad ciudadana, tratando de generar una especie de síndrome de Estocolmo irremediablemente perverso y tramposamente encubierto en la cursilería y el continuismo, en una manoseada versión del populismo de derecha que, enmascarada o no, sigue siendo de derecha. Para muchos queda claro que el dinero del PAN junto con el poder y la influencia de la presidencia, más los ataques enfermizamente frívolos de Marcos (el encapuchado barnizado de Motolinía, que juega a la guerrilla con salivazos y armamento de utilería), pretenden enrarecer el proceso electoral, de manera que la elección no sea viable ni mucho menos civilizada. Quizá sea prudente reflexionar acerca del destino de nuestro voto, para lo que sólo veo dos opciones objetivamente posibles: El PRI o el PRD. Usted decide qué tan alejado de la derecha neoliberal puede y quiere estar. Correo electrónico: dalmx@yahoo.com |
| Para una mejor consulta de este producto se recomienda utilizar el navegador Microsoft Explorer 4.0 (o superior) o Netscape Navigator 4.0 (o superior). |